El deseo de un eterno cuerpazo de playa

Publica El Debate de hoy un artículo muy interesante de Dwight Lindley en el que hace un paralelismo entre la Odisea de Homero y la obsesión por mejorar el físico y más ahora que hay que lucirlo en la playa.

«La elección que nos espera en las playas de nuestra propia vida es la misma: ¿viviré como la persona humana que soy o intentaré arrogarme un poder imposible? El susurro de la tentación es tan insidioso ahora como lo fue para nuestros primeros padres en lo profundo del jardín del Edén. ¿Nos contentaremos con ser lo que somos?»

«¿No podríamos decir que nuestro deseo de Calipso, ese deseo de un eterno cuerpazo de playa, no es más que un deseo de Dios, pero desorientado, deformado? ¿Un deseo de ser la versión de nosotros mismos que encuentra su lugar y significado plenamente solo en Él? Verdaderamente, así es. Aunque esto se aparta poco de la intuición de Homero, si se lo lee correctamente.»

«Cuando Adán y Eva comieron la fruta prohibida, su pecado consistió en querer hacerse como dioses a su voluntad, en lugar de recibir la divinización como un regalo de Dios, según sus planes y sus tiempos. Odiseo en Ogigia, y nosotros en esas playas con las que todos soñamos, enfrentamos la misma decisión. ¿Construiremos nuestra propia identidad o nos pondremos rumbo a casa, surcando los mares infinitos, hasta ser quienes somos realmente?»

Este artículo, que te recomiendo que leas completo, fue publicado originalmente en Public Discourse: The Journal of the Witherspoon Institute. Traducido por Ricardo Calleja y publicado en El Debate de hoy