El Dios que se calza tus zapatos

Queridos amigos, como siempre que os escribo deseo que tanto vosotros como vuestros allegados os encontréis bien, os mando un fuerte abrazo y mis mejores recuerdos.

Hace un tiempo estuve investigando acerca de que similitudes tenía la religión católica con otras que no se han identificado con Jesucristo como verdadero Dios. Como podréis imaginar existen inmensidad de diferencias entre ellas y no es mi intención en estas líneas mencionarlas, pero hubo una que me llamó la atención.

Es un aspecto más bien sentimental que puramente teológico. Nuestro Dios queridos amigos es un Dios cercano, es un Dios que ama incondicionalmente y es un Dios que nunca se cansó de volver a empezar con alguno de sus hijos, ni de intentarlo hasta el último suspiro. Numerosos son los pasajes de nuestra Escritura los que así lo definen, por ejemplo la parábola del hijo pródigo, donde el hijo marchó de casa y volvió arrepentido, y el padre (quien representa a Dios) le abraza y llora de alegría por volver a verlo sano y salvo. Así es nuestro Dios, es un Dios que se enfurece pero enseguida olvida y perdona; ama hasta el extremo (tanto que se dio a si mismo por nosotros), y nunca nos abandona.

A su vez, es un Dios que se calza nuestros zapatos, carga nuestras cruces y comparte nuestros sufrimientos. Cuando Lázaro murió, Jesús lloró de pena y lo resucitó. ¿Por qué? Porque lo amaba, porque era su amigo y porque no soportó ver a su familia sufrir. Así es su naturaleza, amar, darse, entregar. Así se porta con nosotros cada día; cada vez que te pones de rodillas suplicando, cada vez que derramas una sola lágrima, cada vez que te encuentras desesperado, Dios sabe y comparte de eso contigo. Lo sabe tan bien porque te creó, nadie más conoce el fondo de tu corazón tan bien como Él y nadie lo hará nunca. Por eso nadie debe pensar que Dios vive ajeno de nosotros, para nada, está a cada momento de nuestra parte, se alegra con nuestras alegrías y sobre todo se conmueve con nuestro sufrimiento. Así como se conmovió con su amigo Lázaro, se conmueve con cada una de nuestras preocupaciones.

Es imposible intentar entender tanto amor; demasiada generosidad para nuestra razón limitada y en muchas ocasiones egoísta. Pero no nos preocupemos, Dios sabe también de eso, se acuerda de que somos creatura suya y débiles por naturaleza. Él no pretende que seas Él; solamente pretende que confíes y no desesperes, que como dije, se calza nuestros zapatos y se pone en nuestro lugar, entendiéndola como el mejor de los amigos que es.

Pues ojala queridos amigos podamos corresponder aunque sea con un pequeño grano de arena a este Dios bueno que tanto nos ama y tanto hace por nosotros a diario. Un abrazo.

Carlos García Moreno