Señor, voy a arriesgarlo todo por Ti

Ester Flor de Lís González, acaba de iniciar su noviciado como Hermana Pobre de Santa Clara tras dos años como postulante. “Ha sido un momento precioso y muy especial para mí, que he vivido intensamente”, asegura.

En la portal de la Diócesis de Cartagena descubrimos su testimonio vocacional del que extraemos algunos fragmentos.

«La vocación es algo que se va discerniendo poco a poco, sobretodo en mi caso. Primero vine a un retiro de una semana … Después, con el paso de los días hubo un momento en el que Dios me atrajo tanto que sentí que necesitaba hacer una experiencia en el convento porque veía que, en mi interior, tenía una inquietud que se repetía constantemente: “¿Y si Dios me quiere para Él?”. Entonces hablé con las hermanas y me vine a convivir con ellas durante un mes en el que me sentí como pez en el agua. Era como si el Señor hubiese puesto aquí todo lo que siempre había querido y necesitado para ser feliz y, entonces, me di cuenta de que toda mi vida tenía sentido a la luz de la vocación y decidí dar un salto de fe, porque claro, yo aún no tenía la certeza de que el Señor me llamaba a esta vida. Dios no baja del cielo y te dice: “Oye, te quiero para mí”, sino que es más bien una sensación que te impulsa y te alienta, así que pensé: “Señor, voy a arriesgarlo todo por ti, porque sé que Tú me harás saber cuál es mi lugar”. Entonces me dejé en sus manos, entré en el convento y jamás he sido tan feliz».

«Cuando entré al convento vivía mi relación con Dios y mi vida entera apoyándome solo en mis fuerzas, pero, poco a poco, me fui dando cuenta de que yo sola no podía y me fui rindiendo a Dios, comprendiendo que no me hacía falta ser tan fuerte porque el Señor nunca me abandonaba».

«Yo les diría a los jóvenes que es muy importante buscar y no conformarse porque, aunque puedas acercarte a un convento que tengas cerca de casa o a una parroquia –si tu vocación es ser laico–, al final lo importante, como en todas las relaciones, es encontrar dónde sientes que conectas, que eres tú mismo, que hay algo especial. Es como cuando alguien decide pasar su vida con otra persona y no elige a cualquiera solo porque quiera formar una familia, sino que escoge a quien realmente le hace feliz. Pues con la vocación es igual, hay como un flechazo, algo que te atrae». 

Te recomiendo que leas el testimonio completo en el portal de la Diócesis de Cartagena