La Fe: ¿Una parte de mi vida o mi vida entera?

    Pensado en cómo poner en palabras lo que significa para mí vivir la Fe en medio del postmodernismo caracterizado en primer lugar por la secularización recuerdo esto que dejaba en mi cuenta de Twitter hace unos días: “Hay que ser claros: Mi Fe no es una parte de mi vida, es mi vida entera”. Como una joven de 24 años me he topado con un sin fin de momentos en los que, tengo que reconocerlo, he dudado si esta opción de apostarlo todo por Quien apostó todo por mí es una buena idea y déjame decirte algo: posiblemente una “muy buena idea” no sea, estoy segura de que las ideas pasan de moda pero solo las decisiones firmes permanecen para siempre. Esto es lo que quiero transmitirte, la vivencia de mi Fe no es una idea que se me metió en la cabeza aunada a un sin fin de reglas que me transmitieron mis padres sino que es resultado de una decisión que he tomado día con día; aún recuerdo mi encuentro con Jesús cuando tenía 13 años, lo recuerdo como si fuera ayer y es que una convicción tan firme solo nace de un encuentro verdadero y de un conocimiento real que en mi caso ha ido cambiando con el tiempo… siempre para mejor, porque Dios no se deja ganar en generosidad.

    Y vale, si estamos hablando de que nuestra Fe no tiene que ver con una serie de reglas sino con ¡una persona viva! necesitamos elegir frecuentarle en la Eucaristía, conocerle por medio de Su Palabra y amarle por encima de todo. Llevarle a nuestras reuniones y planes, sabiendo que nos acompaña siempre, invitarle a nuestro noviazgo, a nuestros estudios y proyectos porque ¿sabes? Él siempre estará esperando: “Mira que estoy a la puerta y llamo…” Ap. 3, 20.

    Vivir la Fe no significa que no habrá problemas en nuestra vida sino que habrá Alguien que nos ayudará a enfrentarlos, tampoco significa perfección sino oportunidad de crecimiento porque si bien no somos perfectos si somos “perfectibles” y Jesús vino a hacernos cada vez mejores, a cambiarnos el corazón de piedra por uno de carne.

    No te preocupes si aún no le has abierto la puerta por completo, todo es parte de un proceso personal que Dios entiende muy bien, Él vive en la incertidumbre de nuestra libertad y mantiene su esperanza en nosotros. Ten por seguro que si decides abrirle la puerta y dejarle entrar, ¡entrará por completo y transformará tu vida! pero no te preocupes, recuerda estas palabras de Benedicto XVI: «Queridos jóvenes: ¡no tengáis miedo de Cristo! ¡Él no quita nada, y lo da todo!” yo soy testigo de ello, es por eso que hoy puedo asegurar que mi fe no es una parte de mi vida, ¡ES MI VIDA ENTERA!

    Pamela Vizcaíno (México)