Bienaventurados en el cielo

“Para el presente Amén, para el futuro Aleluya” Pedro Arrupe

Como en la poesía de Rafael Montesinos: “Hoy la memoria escoge el camino más corto para herirme”. Era un día como el de hoy, un caluroso julio en la Fiesta de Santa Marta, aquella mujer sencilla que habitaba en Betania, en la morada predilecta del servicio a Jesús, junto a María y Lázaro.

Querido Papá siempre, desde hace dos años que te fuiste al cielo, te he deseado la paz de los días eternos para siempre, donde en mi vida durante este tiempo, ha habitado un dolor sereno como ese manantial de agua cristalina, que se esconde en las fuentes de nuestra memoria. Hoy vuelvo a recordar las palabras del Apóstol San Pablo: “Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros”.

Recuerdo aquel día, como no lo iba a hacer, esa tarde, donde no es por memoria, ni por limpieza de esa conciencia a veces oculta en nuestra alma, sino por amor, un amor apasionado y entregado por el Señor, por mi Padre, aquél que tanta falta hace en mi vida, a veces algunos días, demasiadas dudas, incomprensiones y sinrazones, la vida es así batalla y gracia. Por caridad recemos y tengamos presentes a aquellos que tanto bien nos hicieron y hoy ya peregrinan desde el cielo.

Que hubiera sido de mí todos estos meses, sin esos rostros con nombres, con historia compartida a los que llamamos amigos. Muchas veces me he hecho el fuerte por no avivar la preocupación y seguir batallando entre la humillación y la humildad, ellos uno a uno, historia a historia, vida a vida, han sido, son y serán el tesoro de Dios en Mí.

Papá, Tú que hoy me lees desde las moradas eternas del cielo, puedo decir, que tu enfermedad ha sido un regalo de Dios, acercaste a muchos a la Iglesia, volviendo al Señor y a la oración. No ha habido mayor milagro que el paso de Dios por tu vida, con una batalla difícil, donde la muerte no ha ganado la partida, te fuiste muy lleno del Señor, sereno, con paz y dichoso de haber cumplido la Voluntad de Dios, sin duda para mí, el mayor de los ejemplos, ojalá algún día te sientas orgulloso de mi vida en esta tierra. Así es la gran victoria, la que Dios pide a los hombres buenos, a los sencillos de corazón, la de ser Jesús de Nazaret en la tierra, en nuestras cosas, en nuestras obligaciones, en nuestra entrega apasionada por los demás. Hablemos de cielo, de fortaleza, de alegría en el dolor…

Hoy podemos decir, tú vida ha sido una pascua, un hombre enamorado y apasionado por el Señor, cuanto habrás disfrutado ya en el cielo con la Virgen a la que tanto amabas. Tú alma tenia ansia de eternidad, llegaste a Dios sin hacer cola, sin esperar. Recordando a un gran Santo con el que tanto rezamos, seguimos proclamando: “Un gran amor te espera en el cielo: sin traiciones, sin engaños. ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia…! Y sin empalago: te saciará sin saciar”.

En esa vida verdadera que comenzaste hace dos años, en ese banquete de bodas donde no hay sitio para la tristeza. Como tantas veces decías que la alegría sea el modo de vivir.

No se trata de ¿cómo murió?

Sino de ¿cómo vivió?

No se trata de ¿cuánto ganó?

Sino de ¿cuánto dio?

Estas son las unidades

Para medir el valor

De todos los seres humanos

Y no su nacimiento

 

No se trata de ¿tuvo dinero?

Sino de ¿tuvo corazón?

¿Tuvo siempre una palabra amable?

¿Una sonrisa?

¿Supo siempre

Enjugar una lagrima?

¿Estuvo al lado del que le necesitó?

 

No importa cuál fue su templo.

Ni cual fue su credo.

Lo que importa es

Si ayudó a los necesitados.

No importan los elogios.

Que, al morir, le hizo prensa.

Lo que importa es cuántos lloraron su muerte.

Que hable la vida, que hable el evangelio, donde el perdón es sincero y las obras cantan en gestos.

Amar es darle la posibilidad a alguien de que su vida nos duela.

Pax aeterna Papá

Alberto Diago Santos