«Sólo hay un error en la vida: no gastarla por Dios». Testimonio de Marién

    La Fe es definida por la Real Academia Española de la lengua como un conjunto de creencias que alguna persona o grupo de personas puede tener. Si bien esto es cierto, esta definición se queda vacía. La Fe cristiana va más allá de lo que las palabras puedan reflejar, y el simple concepto esconde virtudes ilimitadas.

    En nuestro día a día, realizamos actividades y actos que implican cierto grado de Fe, como por ejemplo cuando besamos a nuestros abuelos, reímos con nuestros amigos o damos gracias por los alimentos. Sin embargo, seguro que a muchas personas les ha ocurrido como a mí, y es que resulta que la Fe no llega a nuestras vidas de la manera que a veces deseamos, y en ocasiones por ciertas experiencias en la vida nos alejamos de Dios.

    Personalmente, durante mi adolescencia renegué de la Fe cristiana y de Dios, porque pensaba que cómo iba a existir algo tan grande que moviese los hilos de mi vida y los de aquellos que me rodean. Me abrumaba pensar en algo que no podía ver ni tocar, por lo que en mi mente desapareció cualquier idea de fidelidad hacia ningún Dios.

    Durante la adolescencia somos más volubles a ser influenciados, y ocurre que no tener compañeros o amigos creyentes te hace sentirte un bicho raro, por lo que algunos deciden esconderse, o simplemente dejarse llevar por las influencias y renegar de Dios, ya que, aunque suene triste, no quieren que cuando la gente los mire, lo vean a Él.

    Porque lo cierto es que no es fácil tener Fe. Hay días que me despierto y no entiendo como ha dejado que pase tal cosa en mi vida o no, y ciertamente es más sencillo ser escéptico y decir que no crees en nada, y te quitas de problemas y de darle vueltas a la cabeza.

    Entonces llegó el momento de mi Confirmación, y menudo cambio trajeron consigo todas esas tardes de charla con la catequista, de razonar sobre por qué tenemos la suerte de tener a Dios en nuestra vida, o cómo podemos encontrarnos con Él todos los días en las más nimias tareas. Definitivamente hablar y conocer diferentes versiones sobre la Fe de otros jóvenes me hizo recapacitar, y no fue hasta ese momento que me di cuenta de lo sola que me sentía. Incluso saliendo de fiesta todos los fines de semana, no faltándome amigos en el instituto y tener una familia estupenda, no me había fijado en lo vacía que estaba por dentro, y es que el espacio que llena Dios en nuestros corazones es inmenso y no somos conscientes de ello.

    Alejarme de Dios y volver a encontrarme con Él ha sido una suerte, y ha hecho que mi Fe volviese fuerte y clara como nunca. Porque ya no siento ningún vacío ni miedo por lo que pueda o no pasar. Ahora más que nunca acepto y entiendo todo lo que tiene preparado para mí, y me alegro inmensamente de vivir la Fe cristiana, sin tener vergüenza a declarar que voy a misa, que me confieso o que creo en algo más grande de lo que puedo explicar, aunque haya personas que no me entiendan.

    Rezo por no flaquear en mis creencias, porque gracias a la Fe cristiana tenemos un arma poderosa como es la oración, y con ella nos acercamos a Dios cada vez que rezamos, y
    comprendemos que nuestra existencia y todo lo que tenemos, se lo debemos a Él.

    Debemos creer, porque no hay nada malo en ello, al contrario, solo hay aspectos positivos, pues el consuelo y la confianza que Él nos brinda es algo alentador y glorioso. Es por ello por lo que debemos dar gracias todos los días, porque sin Dios a nuestro lado, nuestra vida no tendría dirección alguna. Ya lo dijo Santa Clara de Asís, “solo hay un error en la vida: no gastarla por Dios».

    María Encarnación Arroyo Ruiz