¿Por qué sufrimos? El dolor como amor y alegría

No hay una sola persona que no haya experimentado que la realidad del mundo y la existencia conllevan enfrentarse a retos, placeres y sufrimientos, conocer la vida propia y, si busca la felicidad (como lo hacemos todos), amarla. Pero ¿por qué la vida es así (como dice el disco del popular cantautor Luis Sierra)? ¿Por qué tenemos que sufrir? ¿No sería más fácil pasar por nuestro tiempo sin mancha de dolor? No solo es normal plantearse estas cuestiones, sino que hay numerosas religiones (el budismo, por ejemplo), filosofías y conductas de vida (el cinismo y otros) que anhelan la ausencia de padecer. El cristianismo no busca la ausencia de dolor, sino que busca amar ese dolor.

El origen del sufrimiento es una existencia limitada. Venimos del amor infinito, que es Dios, y vamos a Él; pero, en medio, nuestra vida corporal es restringida; conocemos la muerte y la enfermedad, la necesidad y los sentidos. La nuestra es una vida finita en medio de un amor infinito. Sin embargo, en esta vida también podemos alcanzar la felicidad amando esas limitaciones, conociéndolas lo necesario como para que nos acerquen a lo eterno, que es a lo que estamos llamados.

Si sufrimos es porque amamos. Esto es importantísimo recordarlo, pues no sufre nunca el que nunca ama. Alegría abundante debe suscitarnos el saber que sufrimos por amar, aunque a nadie le agrada la angustia. A nadie le gusta padecer, desde luego, pero a la hora de elegir cómo lidiar con ello, sin duda, el camino que más nos acerca a la felicidad amar y ser amado es amar ese dolor, por lo que representa; es decir, amar el dolor como medio de amor (no como fin en sí mismo, que resultaría en una actitud gris y melancólica ante la vida, lo contrario a la alegría de amar).

También se puede elegir no sufrir, aunque es muy difícil (no olvidemos nunca que somos libres). Hay personas que, ante la posibilidad de un daño emocional o personal muy grande, eligen evitarse problemas y adoptar actitudes evasivas. Una filosofía de vida hedonista o que busca lo inmediato, un cinismo fruto de una hipersensibilidad emocional (con un sufrimiento fuera de perspectiva) o de falta de inteligencia emocional Puede ser anti intuitivo, pero real, que quien deja de amar para no sufrir es quien más sufre, por no amar. Y uno acaba sufriendo por no sufrir. Al final, el sufrimiento no solo es parte de la vida, sino un elemento casi necesario para ser feliz.

El sufrimiento despierta sensibilidad por lo realmente importante de la vida; como dice Khalil Gibran en El profeta: Vuestro dolor es la eclosión de la celda que encierra vuestro entendimiento. En la mirada se nota quién ha sufrido y es sensible a lo esencial, y quién no.

Una pérdida, una ausencia, la enfermedad, el desastre, la necesidad, Todas estas
realidades se pueden tomar como un desastroso fin o como un medio de crecimiento,
prueba y verdad del amor que encierran: por las personas con las que no estamos, por
el tiempo que sentimos que se nos escapa, por el bienestar que nos pide el cuerpo y el
alma. El sufrimiento, que acabamos conociendo como amor, es un tipo de encuentro
con Dios; es una llamada a identificar que venimos de Él y vamos a Él.

Jesús, nuestro mejor modelo, no solo conocía el sufrimiento que debía pasar para
nuestra Salvación, antes de enfrentarse a él, sino que lo tomó libremente; conocía el
sufrimiento de su Madre al perderle; el de sus amigos; el que cada persona, con un
mínimo de empatía, siente cuando conoce los detalles de la historia de su Pasión. Y,
aunque a nadie le gusta sufrir y por eso le pidió a su Padre que apartara de Él ese
cáliz, si era su voluntad (Mateo 26:39) , desde el principio lo concibió como el mayor
medio de amor, porque Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus
amigos (Juan 15:13).

Por todo eso, sufrir es parte de vivir la vida al máximo, del amor y la felicidad, que es
pura alegría. Y si tienes miedo de sufrir y por eso no te lanzas a amar, recuerda que
más vale haber amado y haber perdido que nunca haber amado (Alfred Tennyson, In
Memoriam A.H.H.).

Antonio Verísimo Darío Sierra Maestro-Lansac
Estudiante de 5º de Medicina
Universidad de Navarra