Caridad después de la pandemia

La vida es el milagro más extraordinario con el cual hemos sido bendecidos todos los que habitamos en este universo. De igual forma, el dar vida a través del amor es una forma hermosa de saber que Dios se encuentra presente en nuestras vidas.

Habitamos un universo que está lleno de ese milagro y principio creador y nuestra especie, es la única que al parecer, no valora dicho don. El Planeta se llenó de guerra, caos, ambiciones políticas; explotación de seres humanos, esclavizados a “vivir”, sometidos a la voluntad de la delincuencia, en toda su expresión; corrupción, pobreza, enfermedad, etc.

¿Qué tenemos que padecer como sociedad para hacer algo al respecto?

Normalizar la degradación de nuestra humanidad es un golpe que deja sin aire. Parecía que no podíamos estar peor cuando un virus implacable llegó a hacernos millones de preguntas acerca de nosotros mismos; que estaban en pausa por la indiferencia e insensibilidad con la que habíamos caminado quien sabe desde hace cuanto tiempo.

Con un virus que amenaza lo más importante que tenemos, LA VIDA, nos obliga a reflexionar ¿cierto? Es espeluznante, claro está, el enfrentarnos a nosotros mismos y vencer la apatía crónica que gobierna a la mayoría. Gracias a Dios, vencerla es mucho más fácil de lo que esperábamos, ya que con la ayuda de todo aquello que desestimábamos cómo el amor y la caridad GENUINA, nos permite como especie el valorar lo realmente trascendente. Amigos que nos hablan, familia que nos alegra los días grises, pláticas centradas en nuestros intereses más profundos con oídos amorosos que nos rodean, la auténtica y natural preocupación que un desconocido nos dedica, todo eso se “contagia” y nos envuelve el corazón para seguir esparciendo ese amor a través de un sin número de gestos HUMANOS hermosos. Es nuestra labor natural, en este mundo, el amar a nuestro prójimo, orar por él cuando no podamos ayudar más y sobre todo ser una semillita de Luz y tranquilidad para quien lo necesite.

¿Cuánto más tenemos que adolecer para valorar la vida HUMANA?

Dejemos en el pasado la terrible práctica de la falsa caridad en la que se ayuda sólo por presunción, dando solo por alardear; la falsa caridad que no es empática y juzga, la que no ofrece consuelo por desidia, la que “pesa” al ser otorgada al prójimo, en fin, acabar con la soberbia espiritual, esa que engaña al hombre haciéndole creer que es moralmente “mejor” que el resto.

La caridad va más allá de cualquier explicación, nos sobrepasa ya que es una virtud sagrada que llega a nosotros a través de nuestro entendimiento y voluntad de querer aceptarla legítimamente en nuestro corazón.

Despertar, QUERIENDO ser luz para nuestro hermano, en lugar de ser temor y juez, es un buen inicio.

Date oportunidad de ser la persona que contagie de amor, de nuevo, al planeta. Hagamos de “la nueva normalidad” una, en la que nuestra humanidad sea prioridad, siempre acompañados y guiados por el amor verdadero de la Santísima Trinidad. Dios te bendiga.

Karla César Vargas