“No nos engañemos, ser católico ya no está de moda”. Los lunes de Folch

“No nos engañemos, ser católico ya no está de moda.”

Leí esta frase la semana pasada y, tras intentarla procesar sin éxito, empecé a rayarme a saco.

¿Pero qué me estás contando?

Un móvil puede estar de moda, una marca de sudaderas, de tabaco, incluso una discoteca. Pero, ¿ser católico? ¿Puede estar de moda ser o no ser católico?

RAE, “estar de moda”: que en un momento determinado goza de destacada aceptación.

¿Pues entonces queda claro no? Definitivamente, ser católico NO está de moda.

El jaleito lo tenemos cuando nos paramos a considerar hasta que punto dejamos que influya una moda en nuestra vida.

De hecho, parece que la moda que se lleva ahora es el YO. Yo, YO Y Yo, y ya, si eso, el otro.

Y es que me da la sensación que estamos perdiendo la esencia de lo que es amar. De los detalles, de las sonrisas, de las lágrimas, de la entrega, de la dedicación, de la confianza.

Y es que me da la sensación de que si algo está pasando de moda es el amar.

Nos pilla una especie de “jari” cuando escuchamos la palabra entrega, y ya ni te digo si va acompañada de “ABSOLUTA” o “PARA TODA LA VIDA”.

Tío, el amor es dar. El amor es darse.

Pero, volvamos a lo de antes. ¿Hasta que punto puede influir una moda en nuestra forma de vivir y ver las cosas?

Pues siento decirte, que a los jóvenes, nos influye a saco. El “cómo quedaré”, el “qué le digo para que no piense que…”, el “no sé si publicar esto ya que quizás me tachan de chapado a la antigua”… Efectivamente, todo esto gira entorno al yo, yo y yo.

Entonces, ¿cómo resumimos esto de ser católico? Ser católico es tener un corazón universal, unido con Dios y con los demás. Así de simple.

¿Tampoco parece imposible poner esto de moda, no?

Vale la pena que nos paremos a pensar. Que seamos conscientes de la responsabilidad que tenemos en pleno siglo XXI. La Iglesia confía en nosotros, en los jóvenes. Pero a saco.
Es importante también que veamos que en la Iglesia a lo largo de todos los siglos ha habido numerosos caminos para llegar a Arriba.

San Juan Pablo II y Madre Teresa son dos Santos brutales, pero muy distintos entre ellos.

Donde quiero llegar con todo esto, es a que la tenemos que liar, cada uno a su manera, PERO LIARLA BIEN LIADA.

Cada uno de nosotros podrá tener una manera distinta de vivir su fe, pero lo que mola es que todas estas maneras las engloba una gran “tribu”, que es la Iglesia, con un objetivo común: hacer las cosas bien y ser muy Santos.

Pongamos de moda el amar, el amar de verdad, y recordemos, que si ahora PENSAR EN GRANDE no está de moda, quizá tenemos que empezar por SOÑAR EN GRANDE.

Los lunes de Folch.