¿Quieres volver a Venezuela? La historia de Daniela

    Mi nombre es Daniela Adarme, tengo 25 años y soy venezolana, viviendo en España desde hace 6 años aproximadamente.  Mi testimonio de vida de Fe no se puede explicar sin Ella, sin la Virgen María. Hoy en día miro mi historia y veo que está completamente impregnada de su Amor de Madre en cada instante, incluso cuando yo no lo notaba. 

    Crecí en una familia con mucho amor y con la presencia de Dios, aunque no fuera muy católica. Fui a cole católico “Mater Salvatoris” donde siempre tuve el “contacto” con mi fe, pero todavía no formaba parte de mí, era como algo “externo” a mi persona. Cuando tenía 13 años, me invitaron a formar parte de un grupo llamado “Congregación Mariana” en el cole, y la verdad es que me apunté porque hacían actividades divertidas, sin saber lo que Dios y la Virgen tenían preparado para mí. Poco a poco fui creciendo en mi vida d efe, que hasta entonces se había quedado en una vida de fe de primera comunión, es decir, no había seguido cuidándola y creciendo en ella desde mi primera comunión a los 8-9 años. Mi corazón iba entendiendo y experimentando que la Fe era mucho más que ir a misa y rezar de vez en cuando, que había Alguien que me esperaba y que me buscaba desde hace mucho tiempo. 

    Durante mi adolescencia, mis padres se separaron y fue algo muy duro de vivir. Pasé un período en donde no entendía muchas cosas y sobre todo no sabía dónde buscar el consuelo de un corazón roto por ver como mi familia se rompía. Tuve la suerte de estar en la Congre y poder vivir esto de la mano de Dios y la Virgen, con el regalo que fue el haber podido asistir a la JMJ de Madrid en el 2011, donde me di cuenta que la respuesta a todo el dolor y sufrimiento estaba en Él. Descubrí que había un Dios que me amaba con todo lo que yo era, que me abrazaba en mis horas de dolor, que no me juzgaba por mis caídas, sino que me tendía la mano para levantarme e incluso llevarme en sus brazos cuando ya no podía más. Entendí profundamente que no era un Dios indiferente, que le importaba mucho y que sobre todo quería ayudarme, quería sanar y reparar todo lo que estaba “dañado” en mí. A partir de aquí, con la ayuda de una directora espiritual muy especial, fui cuidando y creciendo en mi relación con Dios, en mi vida en la Congregación Mariana, y recibiendo el don de la Fe que Dios me concedía. Este momento también mi amor por la Virgen maría fue creciendo y fui descubriendo el regalo tan grande que Jesús me había hecho en la Cruz: el tenerla a Ella como Madre. 

    A los 16-17 años, tuve que tomar la decisión de irme de mi país, Venezuela, al terminar el cole ya que las condiciones no eran las mejores y mis padres preferían que me fuera a estudiar fuera por un tiempo. En medio de esta toma de decisión, decidí consultarlo con Él y Ella, y descubrí que mi lugar era en Madrid, España, donde encontré una universidad maravillosa para estudiar mi carrera de psicología y donde podía continuar en la Congregación Mariana Mater Salvatoris de Madrid. Este cambio de vida a mis 18 años no fue fácil, hubo muchos momentos de soledad e incertidumbre, pero poco a poco fui entendiendo que Dios siempre estaba a mi lado, que nunca estuve sola. Además, la Virgen en su Congre también me cuidaba, puso a gente a mi alrededor que me acompañaron, me recibieron con mucho cariño y con los brazos abiertos siendo ellos “las manos visibles de María en la tierra”. Y lo que más agradezco es que sigan estando presente en mi vida y que haya podido formar amistades tan valiosas para mí, cimentadas en nuestra Fe. 

    Y el 25 de mayo del 2015, hice mi Consagración a la Virgen, del todo y para siempre. Ante tanto amor recibido, me comprometí con Ella a ser su instrumento aquí, en mi trabajo, en mis estudios, con mis amistades, con mi familia. Entregarme a Ella para que convierta mi corazón y sea un instrumento capaz de llevar el Amor de Dios a donde Ellos necesiten llegar. En definitiva, vivir el camino de santidad de mano de la mejor compañera que se puede tener, la Virgen María, y que Ella me lleve hasta su Hijo. 

    Este camino no ha acabado, aun me queda mucho por recorrer y por convertir. Sin embargo, lo que he aprendido hasta ahora es que el Amor todo lo puede, y es capaz de sanar aquello que pensamos que está perdido o es “irreparable”, que la vida de Fe no es fácil, pero si es maravillosa, que estamos llamados a algo grande, a la santidad en nuestras vidas aparentemente ordinarias. Y, sobre todo, que tenemos una aliada muy poderosa que es nuestra Madre, la Virgen María.

    “A Jesús por María”. 

    Daniela Adarme.