No soy un mosquito

¿Qué harías tú si un mosquito acechara tu sueño en una noche de verano? No sé si tu te despertarías, pero en muchas ocasiones cuando he oído el zumbido del mosquito-tigre sobre mi oído una y otra vez no me ha dejado más remedio que encender la luz y buscarle con el único propósito de liquidarle.

Dios, ante ese mosquito que soy yo y que tantas veces me comporto como ese diminuto animal por mis faltas y pecados, no me busca para castigarme, sino para perdonarme ¿Por qué? La razón es sencilla. Para Dios no soy un mosquito insignificante que le zumba los oídos, sino que soy su hijo. Y con los hijos hay que tener una paciencia infinita, capaz de soportarlo todo.

Dios, por ejemplo, ha sido capaz de soportar: un holocausto, guerras por intereses comerciales o la esclavitud por el simple placer sexual…Dios, que nos ama hasta el extremo, nos lo demuestra cada día con su paciencia.

Y es que Dios es pura paciencia porque es eterno su Amor.