Conocer la voluntad de Dios

Una de las preguntas más recurrentes que nos llega a los sacerdotes es: ¿Cómo puedo conocer la Voluntad de Dios? Es quizás la pregunta por antonomasia pues el cristiano está llamado a ser “otro Cristo”, y en eso consiste la Santidad, en cumplir la voluntad de Dios y así ser salvados.

En 1Tm 2,4 leemos: “Dios quiere que todos sean salvados y lleguen al conocimiento de la verdad”. Salvación es igual a ir al Cielo. En Efesios 1, 4-6 tenemos que: “Dios nos escogió en Su Hijo antes de crear el mundo para que fuésemos santos y sin mancha”. Es decir, solamente podemos ser santos por Cristo, por eso somos cristianos.

¿Y qué es ser santo? Unir mi voluntad a la voluntad de Dios, como lo hizo Jesucristo. “El Padre y yo somos uno” (Jn 10, 30). Es esencial en Cristo la obediencia al Padre, la unión de voluntades. Por ello debemos nosotros hacer lo mismo. Y si vamos al Cielo es porque somos salvados por la gracia de Cristo por cooperar con ella recibiendo así sus gracias, y el Cielo.

Jeremías 1, 5: “Antes de formarte en el seno de tu madre, te conocía, te consagré para que fueras un profeta para las naciones”. Eso significa que hay un plan preconcebido para mí, que Dios ha pensado algo para mí en concreto. Dios tiene algo particular para mí. Dios dice: quiero alguien con esta personalidad para ir a este mundo a hacer mi voluntad. Por eso no tenemos que ser como otros. Todo lo dispone por algo en nosotros.

La persona que Dios ha creado en ti, con su personalidad, es a la que ha llamado para que sea santa, y eso es básicamente ser una persona que ama. Dar la vida por otros. Y eso cada uno lo debe hacer de forma particular, según el plan de Dios sobre él.

Por tanto, todo acto que nace de la voluntad de Dios, debe ser un acto de amor, y si no es un acto de amor, no puede nacer de Dios. Es una regla de discernimiento. Por tanto, todo lo que haga, tiene que ser con amor y por amor. También tenemos que amarnos a nosotros mismos. Pero eso significa saber quiénes somos delante de Dios.

Entonces, para saber el plan de Dios para mí:

  1. Arrepentirme: creer en el Evangelio y luchar contra el pecado de mi vida. De hecho, esencialmente el pecado es el rechazo de la voluntad divina. Es pecado no tanto por transgredir una norma como por rechazar el plan de amor de Dios sobre mí. Hay una serie de cosas, lo que dice la Iglesia, sobre lo que ya no tenemos que discernir, nos vienen dadas. Debemos tratar de entenderlas y profundizar, pero son disposiciones que nos da Dios a través de la Iglesia. El auxilio sacramental es la Confesión.
  2. Querer lo que Dios quiere. No puedo moverme por mis intereses. Mi objetivo no puede ser pretender que Dios quiera lo que yo quiero sino al revés. No es elegir yo y después poner a Dios en eso sino ir a lo que Dios quiere de mí.
  3. Desarrollar el corazón de Jesús: la vida cristiana. Dejar que Cristo viva en mí, que quien me vea a mí, vea a Cristo. Ya hemos dicho que la vida de Cristo es obedecer al Padre. Por eso me entrego a Cristo para que él me muestre al Padre pues nadie va al Padre sino por Cristo.
  4. Para todo ello es necesaria la oración, sin ella, resulta imposible conocer la voluntad de Dios. Sacramentos, Liturgia y oración personal.

Para vivir esta voluntad de Dios

  1. En la oración: oración diaria con silencio, en la intimidad con Dios. Allí se comunica.
  2. Leer la Biblia: encontramos cómo se responde al amor de Dios que tanto nos ama y que tiene un plan para cada uno de nosotros. Leer despacio y comenzar por los libros sencillos. Leer hasta que golpee la cabeza y parar. Parar-escuchar-hablar: parar donde choque; releer y que haga eco; hablar.
  3. Dirección espiritual: es la mejor manera de conocer la voluntad de Dios. Alguien que nos guíe para saber discernir dónde habla el Espíritu Santo. ¿Cómo conseguir uno bueno? Mira cómo celebra Misa. El director debe conocer a Dios para ayudar a descubrir a Dios en el camino del dirigido.

Padre Pablo Pich – Aguilera