Un Corpus diferente

La película de la Misión termina con Jeremy Irons llevando al Señor en la custodia, mientras que Robert de Niro, ha optado por las armas. Al final, acaban todos igual. Bueno, quizás igual no. Siempre le contaba a mi amigo Israel que prefería morir llevando al Señor, presente en la Eucaristía que cualquier arma.

Este año, por primera vez en mi vida, no podré salir a la calle para dar culto a Jesús, real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento. Durante estos meses he visto venir este encierro y, por fin, después de escuchar a nuestro obispo, Don José María, a mi padre y a mis hermanos, de charlar con feligreses y feligresas de varias edades, de recibir mensajes que me invitaban a la serenidad, os invito a permanecer en oración más intensa que ningún año desde hoy.

El día 2 de junio nos llegaba una carta del obispo de la diócesis con un escueto mensaje: Con relación a la solemnidad del Corpus Domini, la celebración de la Eucaristía concluirá con un momento de adoración y la Bendición con el Santísimo. Donde sea posible, se podrá hacer la Procesión en el interior del templo. Estas letras habían sido precedidas de párrafos preciosos dando las gracias a todos los sacerdotes por su labor, especialmente a los capellanes de hospital y de las residencias, por haber dado testimonio de fiel cumplimiento de su deber, yendo, muchas veces, incluso más lejos de lo que este pedía.

Queda claro que no es momento de luchar por la procesión exterior, ahora prohibida con la excusa del virus, por las autoridades civiles. Sin embargo, quiero compartir con vosotros algunos mensajes que he recibido hoy, así como un rato de meditación que puede ayudaros, como me ha ayudado a mí. Para el Señor, el Corpus de este año, es como un calvario, y Él, amarrado a cruz que le han puesto, no podrá salir a nuestro encuentro, por lo cual su gozo, será que vayamos a acompañarlo y buscarlo a ese monte Calvario. No te aflija lo que al Señor le dará gozo. Es más, derrámate en esa voluntad nueva.- Y que tu derramar en ese buscar a Jesús, contagie los corazones de los que estemos presentes. No dejes que la injusticia del MUNDO, te quite los regalos. Vive cada adversidad como un regalo nuevo que nos muestra nuestro Señor de una mayor profundidad en su corazón. Busca la parte profunda de lo que nos ofrece y no la más habitual.

Tras leer estas líneas, me ha venido a la mente que la Virgen Santísima llevó en su seno, nueve meses, al mismo Señor que está en la Eucaristía. Lo tuvo dentro de la pequeña casa de Nazareth. Por ese motivo, en el silencio de María, te invito a acompañar al Señor esa tarde, en la Parroquia, quizás más rato y en oración más cercana que los años que lo hemos hecho en las calles. Cristianizar la calle es importante, pero quizás lo es más renovar el corazón en ese amor eucarístico de entrega, sin pensar tanto en vestidos, pétalos y manteles. La Virgen Santísima acompañó a Jesús siempre en silencio, pero llena de Él. Con Fe y con Esperanza.

Este año no habrá banda de música, pero canta tú durante toda la semana: “Dios está aquí, venid adoradores, adoremos”. Quizás no te pondrás un traje de fiesta, pero sí que puedes adornar tu corazón. No dedicaremos tiempo a montar altares por las calles, pero sí que podremos darle, o lo intentaremos, toda la semana, no sólo el tiempo que nos sobra, dando también lo que necesitamos para vivir. Es una oportunidad que nos da el Señor de irnos a su tiempo, a vivir su predicación y ejemplo de vida como lo hizo Él: perseguido, muchas veces de forma clandestina. Los sentimientos del corazón del Señor, prepararán el tuyo para los signos de los tiempos que nos ha tocado vivir. Sin duda, tiempo único aquí y ahora. Que la paz sea contigo. ¡Feliz semana de un Corpus, siempre vivo y siempre nuestro! Hasta mañana en el Altar de tu alma.

Sotana Rural