TenerTe en mis manos

Querido Jesús:

Hacía tiempo que no Te tenía en mis manos, siempre Te recibo con la lengua para que no tengas que estar en ellas, pero estos días nos recomiendan recibirte así porque tenemos  que cuidar especialmente la limpieza. La verdad es que los que estamos acostumbrados ha recibirTe con la lengua nos da un poco de respeto, no queremos que toques nuestras indignas manos; sin embargo, pensando y pensando me he dado cuenta de que éste también es un momento de gracia y de enorme preparación para recibirTe como te mereces y como deseas ser recibido. 

Te posas en mis manos como lo hiciste cuando tu Madre Te dio a luz. La Virgen Te sostuvo, Te miró, Te mimó, Te alabó entre sus brazos, entre sus manos. Estos días me ha ayudado esta imagen de la Natividad para poder recibirTe entre mis manos, como los pastores cuando te fueron a adorar, ellos seguro que también te cogieron, te sostuvieron.

Te pido, Señor, que me des la gracia de recibir la comunión meditando Tu Nacimiento, sin prisa, contemplando la imagen de la Natividad, poniéndome en la piel de los pastores, de la Virgen. Madre, que Le sostenga como tú, que Le mime como tú, que Le ame como tú, que Le contemple como tú. 

Gracias, Señor, por querer posarte en mis manos, dame la gracia de ser digna de tenerTe en ellas, como tu Madre.

Comulgar en la mano no es un sacrilegio