Los santos también van de copas

    Desde pequeños, hemos tenido la idea de que la santidad es algo muy difícil de alcanzar y que solo lo consiguen personas extremadamente espirituales, vestidas con sotanas y hábitos, pero estamos equivocados. Los santos han sido personas como tú y como yo, con virtudes y defectos, incluso viviendo con las mismas necesidades que las nuestras. Por eso, todos podemos perseguir la santidad ya que ésta, se encuentra a nuestro alcance.

    Me llamo Marta y tengo 19 años. He nacido en una familia católica practicante y puedo decir que he tenido la gran suerte de haber sentido el amor de Dios desde pequeña. Soy una adolescente como cualquier otra, me gusta salir de fiesta, ir de copas y, en general, pasarlo bien con mis amigos, pero con la única diferencia de intentar buscar la santidad en todas las cosas que hago. Para mí, ésta no es algo reservado para unos pocos, sino que cualquiera, llevando una vida ordinaria, la puede alcanzar. El secreto está en situar a Jesús en centro de tu vida y fomentar tu relación con Él a través del amor a los demás y la oración. Que sea Jesús quien guíe tus pasos en el camino de tu vida.

    La oración no es solo permanecer horas de rodillas en una capilla recitando plegarias de memoria “sin ton ni son”. También existen otras formas de orar, como una sonrisa a alguien en el momento que más lo necesita, disfrutar y hacer disfrutar a los que tienes cerca, cantar en el coche tu canción favorita junto a tu familia o, incluso, dando consejo a una amiga que acude a ti en una situación delicada. Porque Jesús se encuentra en todos estos momentos de tu día, personificado en la persona que sufre, que ríe gracias a un chiste tuyo o que siente tu cariño a través de tu abrazo. El ser una adolescente cristiana no significa vivir una vida diferente al resto, sino que la diferencia se encuentra en el sentido que le damos a ella, en buscar el amor en las pequeñas cosas, en buscar a Cristo en el día a día.

    Esta búsqueda no es siempre fácil, ya que hay momentos en los que la vida te pone a prueba y en los que tu fe puede tambalearse. El año pasado falleció, inesperada y tremendamente pronto, una persona muy importante para mí. Fueron momentos duros y un palo muy grande para todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerle. No obstante, esto forma parte de nuestro camino, que es la vida. Son cruces irremediables que debemos cargar, pero que son mucho más llevaderas compartiéndolas con Jesús.

    Sin embargo, son estos momentos críticos los que me han hecho reflexionar sobre tres aspectos que me ayudan a entender mejor la vida. En primer lugar, tener en mente que, como no sabemos cuándo vendrán los días malos, resulta imprescindible mantener una relación fuerte e indestructible con Jesús, pedirle diariamente fe y gracia ya que, sin su ayuda, todos nuestros esfuerzos no darían ningún fruto . En segundo lugar, me he dado cuenta de la suerte que tenemos los cristianos, ya que podemos dar sentido a nuestro sufrimiento ofreciéndoselo a Dios y teniendo la confianza y el consuelo de saber que la muerte no es otra cosa que el inicio de la verdadera Vida. Y en tercer lugar, nos hace parar en seco, parar nuestra rutina para darnos cuenta de las cosas que verdaderamente valen la pena en nuestra vida. Ser conscientes de lo vulnerables que somos comparados con la
    grandeza de Dios y darle gracias por cada dia que podemos vivir, que son, realmente, oportunidades y regalos de Dios, para hacer que el corazón de cada persona que pasa por nuestro camino, crezca y se vuelva, poco a poco, un lugar más idóneo para albergar a Jesús y convertirse, de esta forma, en una mejor persona.

    Por todo esto, pienso que lo jóvenes debemos de llevar el mensaje de Jesús a todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, sin necesidad de realizar hazañas extraordinarias, buscando con ello y como fin último la santidad; porque nosotros, , somos la fuerza y la luz del futuro. Y ese futuro solo es posible junto a Jesús.

    Marta de Churruca y García