¿Ánimas benditas o almas en pena?

A menudo se cree que las ánimas del purgatorio son almas en pena. Pero no es así. Son almas de fieles que murieron en paz pero que aún no están preparadas para ir al Cielo, ya que necesitan de toda pureza para presentarse ante Dios. Aunque no pueden ver a Dios en todo su esplendor, reciben visitas de los Ángeles y la Virgen para consolarlas. Son almas amadas por Dios, y por ello no deben ser olvidadas hasta que entren en el Paraíso y el motivo por el que debemos rezar por ellas es porque ya no pueden hacerlo ellas por sí mismas.

¿Por qué se les llama “benditas” ánimas del purgatorio?

Parece lógico pensar, que, si son “benditas”, estarían en el Cielo, y que, si no lo están, es porque no deberían serlo. Para explicarlo tenemos que remontarnos a la época de Santa Gertrudis la Grande (1256-1302), unos tiempos difíciles de trabajos pesados, enfermedades y guerra. Los pobres que vivieron esto, veían en el purgatorio un lugar mejor del que venían, ya que la esperanza de saber que los conduciría al Cielo les reconfortaba. Esto no quita que sea un camino sin sufrimiento, puesto que como decía santo Tomás de Aquino: “El dolor más pequeño del purgatorio es peor que el mayor sufrimiento en la tierra. Pero se compensa con la certeza de la salvación”. Es esta certeza lo que las hace “benditas”.

¿Por qué rezar por ellas?

Las ánimas del purgatorio no pueden disminuir o acortar su sufrimiento, pero los que aún vivimos, si podemos ayudarlas rezando por ellas, ofreciéndoles sacrificios personales, misas y ganando indulgencias para ellas. Tenemos el poder de ayudarlas, y esto es un acto de misericordia y de amor desinteresados. A continuación, veremos algunos motivos por los que es importante interceder por ellas.

En primer lugar, el sufrimiento es real, es decir, es parecido al del infierno. Se debe a que son almas que aspiran alcanzar a Dios, y al no poder hacerlo durante ese tiempo, las lleva a una agonía espiritual. En segundo lugar, son nuestra familia, ya que es muy posible que tanto familiares como seres queridos estén en el purgatorio. En tercer lugar, es muy probable que nosotros también vayamos algún día, ya que, para librarse del purgatorio, debemos morir en plena gracia de Dios y santidad, algo muy difícil, por eso es más que probable que pasemos también allí una temporada y nos gustaría que también rezasen por nosotros. En cuarto lugar, te trae alegría, ya que son almas que nos recibirán en el Cielo y nos agradecerán haber orado por ellas, al igual que nosotros se lo agradeceremos a otros que vengan después.

Y por último no es difícil, ya que hay varias maneras de rezar por las ánimas. Algunas muy sencillas y rápidas son “Requiem Aeternum” o añadir alguna monición a la bendición de alimentos. Las maneras más efectivas de rezar por ellas son: Rezar la coronilla de la Divina misericordia, recordarlas durante las intenciones del Rosario y ofrecer una Misa por ellas.

A muchos santos se le aparecían las almas del purgatorio y les rogaban que intercedieran por ellas, y, a los días, en el tránsito al Paraíso, pasaban para agradecer esa ayuda. María Simma fue una religiosa y mística católica conocida por su don de recibir la visita de las almas del purgatorio, dejando constancia en varios libros y entrevistas que recomiendo consultar.

San Josemaría Escrivá siempre nos recordaba con mucho interés rezar por las ánimas, siendo un pequeño sacrificio para nosotros y un gran bien para ellos. Por tanto, por todo el bien que podemos hacer por nuestras ánimas hermanas y amigas, recemos hoy y todos los días que podamos, por ellas y su salvación, y llegará un día en el que sean otros los que recen por nosotros.

Mai García.