«Resistiré, erguido frente a todo»

Alejandro VI decidió, a fines del s. xv, expulsar de los estados pontificios a los pode- rosos Colonna, quizá para dejar el campo libre a su propia familia. Los Colonna se refugiaron en la corte napolitana, donde el poeta Sanazzaro les dedicó un poema en el que se leía «Flectimur, non frangimur undis» (nos doblamos, pero no nos rompen las olas). Este verso los llevó a modificar su escudo de armas y su divisa, de modo que, a su tradicional columna de plata, erguida en el centro, gallarda y firme, se sumó, en la punta, un mar agitado, del que emergían, en los flancos, unos haces de juncos1. También se cambió la divisa, colocando el citado verso del poeta. El mensaje era claro: los Colonna, diríamos usando palabras famosas hoy día2, afirmaban «Resistiré, erguido frente a todo» a la vez que «Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie». En efecto, supieron bajar la cabeza y levantarla cuando pasó la tormenta, pues tras la muerte del papa Borgia volvieron a Roma, donde continúa su estirpe y su palacio.

Resistir es una dimensión de la fortaleza. Hace medio siglo, comenzó a ponerse de moda hablar de la resiliencia, término científico que define a ciertos materiales caracterizados por doblarse ante una presión y, a continuación, recuperar su forma primitiva. Esta palabra fue adoptada por la psicología, donde Rutter3 la define como una vulnerabilidad menor ante experiencias de riesgo o como la capacidad para superar el stress o la adversidad. La pandemia que nos azota ha llevado a redescubrirnos como vulnerables, alejándonos de la extendida ilusión de considerarnos dioses, y a constatar que los seres humanos responden de modo muy diverso ante las mismas dificultades. Por ello, es lógico que se nos insista en resistir, en mejorar nuestra resiliencia.

Ahora bien, este planteamiento es insuficiente: no se trata solo de sobreponernos a las dificultades, sino que es preciso esforzarnos para desarrollar nuestras virtualidades, hasta el momento no descubiertas. Decía Ortega, precisamente en su Meditación de Europa, que, «en el fondo tanto da lo que haya pasado: lo decisivo es que sea lo que sea lo sepamos aprovechar»4. Y aprovechar se define por la Real Academia como «adelantar en virtud, estudios, artes, etc.». Enfrentarse a las duras consecuencias de la pandemia no termina en resistir, sino que es preciso reflexionar sobre en qué hemos de adelantar.

Esa reflexión es difícil, pues, como dice Pascal, lo que buscamos es el ajetreo que nos impide pensar, «de lo que viene el que la prisión sea un suplicio tan horrible»5. Sorprendentemente, el virus no nos ha metido en la cárcel, pero es fuente de numerosas oportunidades para plantearnos, como le ocurre a Iván Illich poco antes de su temprana muerte6, la cuestión de si hemos vivido como debíamos.

Cierto es que hoy suena escandaloso hablar de un modo de vida debido, pues nos movemos en una cultura liberal en la que se adora una autonomía sin límites, iniciada con la conocida fórmula de Horacio «sapere aude»7 (atrévete a saber) adoptada por Kant como emblema de la Ilustración8, y que termina traduciéndose en la defensa de una libertad sin referentes. Ahora bien, la pandemia nos ha facilitado tomar conciencia de que somos los reyes de la naturaleza, dotados de una inteligencia y de una libertad, que no tienen el resto de los vivientes, pero unos reyes constitucionales, que han de respetar tanto los requerimientos de la naturaleza humana como las normas del conjunto de la creación, que son más amplias que las leyes naturales que es imposible desobedecer. Hemos vi- vido últimamente, en un escenario en el que parecía que todo era posible y que íbamos a ganar el cielo en la tierra, a construir un mundo sin miseria, sin injusticia, sin dolor, sin enfermedad. Considero indudable que esas metas deben promoverse, y los cristianos son quienes han colaborado en ello de un modo más claro y eficaz. Pero, ya hace años, el Cardenal Ratzinger nos señaló que eso era desconocer la naturaleza humana, pues el sufrimiento no es el único peso que el hombre ha de descargarse de las espaldas, de modo que se equivocan quienes quieren hacernos creer «que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión entre lo que se debería ser y lo que efectivamente se es»9.

Es preciso tomar la decisión de pasar de resistir a avanzar. Para ello, convendría tuviéramos en cuenta la petición que Sócrates hace a sus amigos, pocos minutos antes de ser envenenado, a quienes ruega que «cuando mis hijos sean mayores, castigadlos si os parece que se preocupan del dinero o de otra cosa cualquiera, antes que de la virtud»10. Sócrates ruega que no se olviden los ideales que han conducido su vida. Quizá sea este el momento para reflexionar si nosotros llevamos el modo de vida debido. Quizá sea también la oportunidad de preguntarnos si nos dejamos llevar por una educación obsesionada con la empleabilidad y el instructivismo, así como olvidadiza de la virtud, o si procuramos que nuestros hijos sean gente de bien, no centrados en el consumo masivo, en el desperdicio de los recursos económicos y la diversión. Para ello, es preciso que nos esforcemos en capacitar a la juventud para que superen las presiones sociales y busquen el sentido más profundo de la existencia, intentando encontrar al Absoluto, que funda- menta la existencia de valores morales absolutos, que explican la importancia del amor, superando el egoísmo, el odio y la envidia, así como mueven al don de sí, origen de la más profunda felicidad, incluso en la realización de acciones verdaderamente heroicas, como vemos están realizando ocultamente tantas personas en esta crisis.

José Antonio Ibáñez-Martín Director de la revista española de pedagogía

 

1 Cfr. PALLISER, B. (1870) Historic devices, badges and war-cries, London, 37 y 74.
2 Textos de la Canción Resistiré del Dúo Dinámico, 1988, letra de Carlos Toro, convertida en himno popular en España durante la pandemia.
3 Cfr. RUTTER, M. (2012) Resilience as a dynamic concept, Development and Psychopathology, 24, 336. 4 ORTEGA Y GASSET, J. (1966) Meditación de Europa, Madrid, ed. Revista de Occidente, 28.
5 PASCAL, B. Pensamientos, Madrid, Austral, Biblioteca Miguel de Cervantes, n.o 139.
6 Cfr. TOLSTOI, L. (2004) La muerte de Iván Illich, Libros en la red, 53.
7 HORATIUS Epistularium liber primus, II, 4.
8 KANT, E. (1784) ¿Qué es la Ilustración?,1.
9 RATZINGER, J. (2013) ¿Por qué permanezco en la Iglesia?, Salamanca, Sígueme, 89. Original del 1971. 10 PLATÓN Apología de Sócrates, 41d.