La importancia del buen hermano que tenemos

Queridos lectores, compañeros y amigos. Como siempre que os escribo deseo que os encontréis bien, os mando mis mejores deseos. Paz y bien.

La Fe queridos amigos, no es un acto egoísta. Todo lo contrario, la Fe es un regalo, personal de Dios hacia nosotros. Los hombres desde principios de la historia hemos sido incapaces de llegar hasta Dios, en primer lugar porque somos creación suya, no estamos a la misma altura. Solamente cuando Dios ha querido se ha manifestado a los hombres para que podamos comprender -aunque sea un poco- las cotas de su infinito amor y de su infinita misericordia.

Como decía, la Fe es un regalo de Dios para con nosotros. Mediante ella sentamos las bases para ir paso a paso avanzando en el conocimiento de Dios. Por esta misma razón, la Fe es algo que debemos compartir, no es algo que debamos atesorar para nosotros mismos y vivirlo en individualidad. Tu conocimiento puede complementar al de tu hermano y viceversa, y eso es lo importante. La Fe es algo que debemos vivir entre todos, en comunidad.

Es importante que nos reunamos en las Iglesias, pero más allá de eso, es más importante aún que tengamos personas en nuestra vida con quienes podamos compartir nuestra relación personal con Dios. El valor del buen hermano es incalculable; no hay mejor forma de compartir, expresar y ayudar, que teniendo personas a nuestro lado que quieran y sepan escuchar. Gracias a Dios yo en mi vida tengo varias, pero especialmente pienso en una mientras escribo estas líneas. Quería mediante este escrito que reflexionemos y valoremos la importancia de ellas. ¿Con quién mejor compartir una experiencia, una convivencia, o simplemente el buen resultado de una petición a Dios, que con las personas que comparten lo mismo que tú?. Efectivamente con nadie. Solo con ellos todo cobra mucho más sentido del que ya de por sí, tiene.

Dios es justo y sabio, pero sobre todo es bueno. Estoy plenamente convencido de que llena nuestra vida con estas personas adrede, para que sepamos apreciar y para que disfrutemos de una Fe compartida que nos enriquezca a todos por igual, y que día a día nos haga sentir más llenos y más completos. Creo sinceramente que sin ellas, nada de esto sería lo mismo; la Fe se vería reducida a algo estrictamente íntimo, sin esa dimensión social, sin esa oportunidad de compartir y de demostrar que Cristo vive en cada uno de nosotros.

Por eso queridos compañeros, os animo a que deis las gracias a Dios y a esas personas por este regalo tan grande que es la Fe compartida. Compartid mucho vuestras experiencias, sed generosos y sobre todo, cuidarlos cada día. Que Dios os bendiga a todos y os de el maravilloso regalo de tener personas que caminen junto a vosotros.

Especialmente dedicado a María; te mando un fuerte abrazo y deseo que Dios te proteja, te cuide y te permita seguir siendo esa parte tan esencial de mi vida.

Carlos García Moreno