Queridísima mamá

Queridísima mamá:

¡Feliz día de la madre a la mejor! ¿Qué tal estáis pasando estos días de confinamiento? Llevamos ya casi dos meses en casa y aquí seguimos, superando fases como todos. Cuando hablamos por teléfono siempre coincidimos en lo mismo: cuánta preocupación por los enfermos y familias que están perdiendo seres queridos y cuánta preocupación también por lo difícil que vamos a tenerlo en España, tanta gente con problemas laborales y económicos. Damos gracias a Dios de la suerte que tenemos, hoy por hoy, de estar todos sanos (incluso abuela Maruja), de estar juntos y de tener más o menos una situación estable laboral… al menos de momento.

Luis está preocupado por su boda del 4 de julio, por la incertidumbre de cómo y dónde va a ser. Lo único que tiene claro es que se casan sí o sí. Está con muchas ganas de ver a su querida Nere. Muy lógico, porque ¡hace más de un mes que no se ven! Aunque los de casa estamos encantados y disfrutando de él como nunca. Los niños le adoran.

Sólo sale Carlos de vez en cuando a hacer la compra y, desde esta semana, a alguna visita de obra del trabajo. Pero la verdad es que los niños están felices. Ni una vez han preguntado cuándo va a acabar esto, o cuándo pueden salir.

Ahora me río de la preocupación que teníamos cada sábado y domingo por salir de casa a toda costa. Comprobamos estos días, que era una necesidad que a menudo nos imaginábamos nosotros. Ahora estamos mañana y tarde conviviendo en familia, conociéndonos más que nunca, los hermanos hacen mucha más piña, en lo bueno y en lo malo. Y pasamos los días sin correr de aquí para allá, sin estrés. Bueno, sin tanto estrés como antes, porque realmente hay días que entre las clases online de los cinco, nuestros trabajos y reuniones online, Misa online, el horario y atender sus dudas y problemas con el ordenador (hemos tenido que hacer acopio y pedir ordenadores prestados para todos), no paramos. Y por las tardes también un poco como locos, intentando que se entretengan sin pantallas (bastante las usan por obligación). Pero es de otra manera, no corremos todo el día para salir de casa, para ir a las actividades extraescolares, para llegar pronto a tantos sitios más o menos puntual, etc.
Y todo esto lo notan los niños y nosotros ¡Y cómo lo agradecemos todos!

Mi peor momento de este confinamiento, como ya sabes, fue al principio de todo esto. Yo estaba embarazada de poquito y con un miedo horrible a perder otra vez el bebé.
Para más complicación cogí el coronavirus y no contenta con eso, contagié a mi ginecóloga. Con estos precedentes no me querían ni ver en la clínica.

Con gran desesperación empecé a sentir que el embarazo no seguía adelante. Tenía muy recientes los tres abortos anteriores y me fue fácil sacar un patrón común. No entendía nada y me revolví un poco con todo el mundo: con Dios que me daba un bebé para luego llevárselo, con mi marido que no daba demasiada importancia a mi situación y me hacía sentir sola en ese sufrimiento, con los ginecólogos de la clínica que no me querían hacer la ecografía para comprobar cómo iba el feto (obviamente no podían arriesgarse a que se contagiara otro médico).

Cuánto me costó estar tanto tiempo con la duda de si el bebé vivía o no. ¡Yo que soy la reina de las previsoras y controladoras! ¡Y con las hormonas disparadas! Me costaba entender que Dios sabe bien lo que hace, que mi marido y los médicos entendían prudentemente que, con la que estaba cayendo, no urgía hacer el seguimiento a una afectada de covid19: Si el bebé estaba vivo ya iría él solo adelante y si no vivía, se iría manifestando.

Al cabo de tres semanas ya vimos en la ecografía que no había latido y me ingresaron. Médicos y enfermeras amabilísimos como siempre. Ya entonces, más tranquila, comprendí que tenía otros cinco preciosos hijos por los que dar mil gracias a Dios y que cada uno de ellos (y los que se han ido y nos esperan arriba) son un regalo.

Por lo demás, Cecilia está descubriendo nuevos hobbies: ha aprendido a tocar la guitarra por su cuenta, hace lettering y sigue con sus clases de piano (ahora online) y gracias a los retos, clases de cocina, charlas del club, etc. sigue activa con sus amigas.

Clara es la primera siempre en estar vestida, con todo recogido por las mañanas y lista para empezar las clases, hacer sus tareas y hacer de profesora de Julieta, a la que organiza todas sus asignaturas y le resuelve las dudas. Está todo el día queriendo ayudar en lo que sea y hacer retos que le mandan desde el club. Con sus amigas habla casi todos los días, escribe cartas a abuela Maruja y juega con sus hermanos, que le encanta.

Pedro Ruy es al que más le costó centrarse con las nuevas clases online, pero la verdad es que ahora ya se pone solo y puntual, lleva sus tareas al día, sigue con sus clases de guitarra online y está deseando que llegue el momento “del patio” o por la tarde para salir a jugar con sus hermanas.

Julieta se ha organizado sorprendentemente bien. Hace todo rápido por las mañanas y enseguida está lista para conectarse a sus clases. Da gusto verla trabajar ella sola. Y como siempre pendiente de su Carola del alma, a la que llama “mi bebé” y a la que no puede ver llorar ni un momento. Están todo el día juntas inventando juegos, disfrazándose de princesas, haciéndonos bailes, ballet, pintando, jugando a PollyPocket, Pinypon o lo que sea.

Y Carola se aprovecha de ser la pequeña, todos la miman. Pero ha crecido un montón en este confinamiento, mucho más autónoma, habla mucho más y mejor que antes y ya es una más en los juegos con sus hermanos. Nos reímos mucho con ella y sus ocurrencias.

Los fines de semana grabamos vídeos con tío Luis, cantamos con la guitarra o el ukelele, hacemos acampada nocturna en el salón, cocinamos repostería, bailamos en el salón, juegos de mesa, alguna yinkana por la casa, vemos peli familiar (de dibujos, para que la vean las dos pequeñas con nosotros), rezamos el rosario online con vosotros y los hermanos, hacemos festivales o nuevos retos que les mandan sus amigos… en fin, no paramos.

Este confinamiento nos está quitando todos los remordimientos que teníamos a veces de no dedicar suficiente tiempo a los niños.

En resumen, damos gracias a Dios porque esta situación nos está ayudando a unirnos más, a darnos cuenta de que lo importante es Dios, la familia y los amigos, a convivir mucho y a rezar en familia. Y le pedimos todos los días por todos aquellos que están sufriendo.

Un beso fuerte mamá. Tenemos muchas ganas de ir a Lleida y a Carbonero este verano y estar con los hermanos, primos, tíos y abuelos ¡Los niños sueñan con ello! Y nosotros también.

Publicado por Conchita Pascual en Queridos hij@s