¡Quién sujeta el cielo! Entrevista a Rafael Álvarez Avello.

Hoy tenemos la gran suerte de poder entrevistar a Rafael Álvarez Avello, antiguo alumno de Retamar, abogado y un buen padre y un gran hijo por lo que se desprende de la lectura de su libro Quién sujeta el Cielo

Rafa de compañero a compañero de Colegio. He leído con cariño tu libro y además de sorprenderme me ha dejado muchas preguntas. La primera de ellas es que dice que tú eres un converso: ¿Nos puedes contar un poco tu historia y porque dices que eres un converso?

Un día, en Tierra Santa, me encontré con un Dios que no me esperaba. Yo siempre he sido creyente, pero mi fe era tensa, centrada en cumplir las normas, compleja y llena de excusas. Una fe miedosa y frágil. Aquél día, en un rato de descanso, sentado en una roca frente al mar de Tiberiades, noté una presencia muy real que, no sé muy bien cómo, me dijo: “tú eres mi Tierra Santa”. Después entendí su significado, lo que quería decirme es que yo era su hijo, lo más importante para Él, y mi vida era su Tierra Santa, el único lugar en el que quiere estar.

Querría aclarar que no fue una aparición, ni una voz audible, sino un sentimiento intenso que me sorprendió pero me calmó, parecido a esa comunicación que se establece entre dos amigos que se quieren, cuando están juntos, incluso sin necesidad de hablarse. Supongo que no fue muy distinto a quienes han sentido la llamada a una vocación en un momento concreto.

También querría aclarar -me lo preguntan mucho- que no fue imaginación ni sugestión porque fue algo inesperado, alejado de cualquier estímulo extraordinario, y porque, además, las sugestiones no duran en el tiempo (no se puede estar sugestionado siempre).

Por último querría decir que lo importante no fue ese momento “milagroso” o “místico”, a mí no me atrae lo milagroso ni lo esotérico –si lo cuento es sólo porque fue real-, sino el contenido del mensaje y el reto que supone para los Cristianos. Creo que nuestro verdadero reto es descubrir la mirada con la que Dios nos mira y, después, ser capaces de mirarnos con ella.

Una de las ideas que me sorprendido de tu libro es como has llegado a Dios a través de tus hijos ¿Cómo fue ese descubrimiento?

Cuando tuve a mis hijos me sorprendió la capacidad inmensa que tenía de querer y que, hasta entonces, no conocía. Creo que, en general, los hijos sorprenden siempre. Antes de tenerlos no te lo puedes imaginar. Después, al verles la cara, te das cuenta de que es el amor más natural posible y más profundo que se puede sentir. Un amor que te configura, es decir, que forma parte de ti y que, por eso, lo necesitas. Creo que todos los padres sabemos que no necesitamos razones que nos hagan querer a nuestros hijos, al contrario, sentimos la necesidad de ayudarlos, de protegerlos y de hacer todo lo posible para que sean felices.

Si entiendes que Dios te mira así, con esa intensidad, con esa necesidad, todo cambia. Te das cuenta que el amor de Dios ni te lo tienes que ganar ni lo puedes perder. Entonces tu actitud hacia la vida es diferente, no significa que dejes de tener problemas, sino que cualquier problema, cualquier miedo, cualquier incertidumbre o cualquier fracaso, nunca podrán contigo porque siempre vas a tener el amor incondicional de un Dios que es padre.

Rafa ¿Qué han dicho tus hijos del libro al ser ellos protagonistas?

Les ha gustado. Les da cierto pudor. Se han reído con las anécdotas de cuando eran pequeños y de cómo, sin saberlo, su madre y yo, volvíamos a descubrir el mundo a través de sus miradas. Se han sorprendido de lo que nos han hecho pensar. Y, supongo, se han dado cuenta de lo que ellos llegarán a querer a sus propios hijos. Espero que les sirva para acercarse más a Dios y para encontrase conmigo cuando ya no esté.

Son muchas las intuiciones sobre Dios que me parecen muy útiles para cualquiera de nosotros, pero hay una que me ha parecido muy brillante: Dios es evidente en el amor ¿Puedes explicarla?

A pesar de mi conversión defiendo que no se necesitan experiencias extraordinarias para encontrarse con Dios.

Nuestro Dios es cercano y lo podemos sentir en nuestra vida si sabemos buscarlo. En el libro propongo que lo hagamos: en nuestro propio amor, contemplando el amor, en cada una de sus obras, en el amor motor, en nuestro día a día y en nuestra alma desnuda.

Como ves, todas ellas, convergen en el “amor” y me refiero al amor que cada uno sentimos de forma natural por nuestros seres queridos. Defiendo que, si somos hijos de Dios y Dios es amor, compartimos su esencia como cualquier hijo comparte la esencia de su padre y, por tanto, que nuestro amor cotidiano, evidente, participa -es parte-, del suyo. En definitiva: cuando sentimos amor por alguien, también sentimos a Dios.

Esta idea o intuición tiene que ver con el Dios cotidiano en el que creo. Quizá, muchas veces, somos nosotros quienes alejamos a Dios porque lo consideramos un ser inalcanzable, por su poder y su perfección, y por tanto sólo nos permitimos adorarlo. Pero Cristo vino a la tierra para decirnos que no es así, que Dios es un padre que siente como nosotros y que nos ama con el mismo amor con el que nosotros amamos.

Después de leer el libro donde se respira esa libertad que tienen que tener los hijos de Dios me he preguntado ¿En quién te has inspirado?

Supongo que lo primero es aclarar que la libertad no es hacer siempre lo que queremos. La libertad es un sentimiento que se identifica con la felicidad. Cuando nos sentimos libres, es decir, sin miedo, somos expansivos, nos permitimos amar más y a más personas y, por tanto, permitimos que todo lo bueno ocurra.

Mis padres siempre han sido un gran ejemplo para mí y para mis hermanos. Ellos siempre se han querido y se lo han demostrado. También nos lo han demostrado a nosotros. En mi casa no se criticaba por deporte, tampoco había quejas innecesarias, jamás se justificó algo malo, es más, sigo creyendo que el mal es incompatible con la inteligencia. Había problemas, sin duda, y ninguno éramos perfectos, éramos normales, como cualquier familia numerosa, a menudo parecíamos un circo, pero sin duda lo que nos unía y lo que nos hizo salir adelante, fue el amor de nuestros padres. El amor entre ellos y el amor hacia nosotros. Eso es lo que nos ha hecho seguros de nosotros mismos y libres, porque, si alguien te va a querer siempre, ¿qué puedes temer?

Rafa, en ocasiones, pensamos que sólo pueden escribir de Dios los sacerdotes, pero este libro es una prueba más que todos podemos mirar a Dios ¿Cómo se puede ver a Dios en el día a día, en la calle?

Creo que la paternidad de Dios es universal, es decir, para todos y en cada momento, lo que hace que el encuentro con Dios deba ser individual. Nos tenemos que encontrar con Dios en nuestro día a día, en nuestra propia historia, cada uno en sus circunstancias.

Es cierto que requiere estar atentos y ser constantes, porque hasta lo evidente muchas veces pasa desapercibido. Quizá debamos pararnos un poco, apagar el ruido, reducir el estrés de nuestra vida moderna, reservarnos un rato al día para encontrarnos con Dios a solas, hablar con Él con confianza, contarle lo que nos pasa, no sólo lo bueno, lo malo o lo que necesitamos, reservar un rato para la contemplación, como también a veces contemplamos a quienes queremos. Los sacerdotes, sin duda tan importantes, son los que nos facilitan y nos muestran el camino para lograrlo, pero no podemos delegar en ellos nuestra relación con Dios.

Terminamos ya Rafa. De verdad que la lectura de tu libro ha sido fascinante para mí. Gracias por el regalo y espero que se difunda mucho porque tiene ideas refrescantes para acercarse al gran Amor: Dios.

Muchas gracias Fernando, ahora D. Fernando, y enhorabuena por esta gran labor que estáis haciendo de mostrar a Dios a través de la red.

Fernando Gallego