El coronavirus no es el Juicio Final

Por mucho que hayas vivido estos días, por mucho que hayas leído y escuchado, por mucho que te hayan contado, por mucho que hayas pensado… ¡tranquilo! El coronavirus no es el Juicio Final. Ese “juicio”, que nos imaginamos de tantas maneras, es Dios teniendo la última palabra sobre la vida. ¿Temes a Dios? Quizá no lo conoces como Padre.

Hay más responsabilidad en todo esto sobre los que vivimos que sobre los que han muerto. DEP. Todos conoceremos, cuando esto pase, varias personas que han muerto y a las que nos dolerá no haber acompañado. ¿Con cuántas personas y sus familias no habremos estado ahí, en su momento de dolor y el nuestro? Humanamente, cómo no llorar sin poder salir de casa, cómo no conmoverse por las noticias, cómo no responsabilizarse de algún modo en todo esto. La “pregunta de la culpa” como espada de Damocles: ¿Habré contagiado, aunque yo esté bien ahora, a otra persona? ¿Habré roto su familia, será alguien cercano o será la vida de otros que no sabía que eran cercanos?

La teología del Juicio no es sobre el instante de la muerte, sino sobre la vida vivida. La seriedad con la que nos podemos, en algún instante destellante, tomar en serio a nosotros mismos, viendo lo que pasa por nosotros mismos, por lo que hacemos, pensamos o vivimos. Tanta seriedad nos excede, aunque está ahí. Científicamente, innegable. Objetivamente, incuestionable. Es lo que fue, fue lo que hicimos.

La objetividad del mundo no contempla intenciones, solo hechos. Nos condena la causa y el efecto, con la mejor intención. Suma y sigue. ¿Por qué salí de casa ese día, por qué tal cosa o tal otra? Conclusión, ¿responsabilidad universal, mi acción es poderosa sobre otros, sobre los demás, sobre el mundo?

Ha hecho falta un VIRUS para descubrirnos algo muy cotidiano: nos contagiamos, nos tocamos, nos vivimos como parte de lo uno/mismo, estamos en relación… ¿Terminamos siendo responsables de “nosotros” mismos, no de “mí” sino vivir siendo “nosotros”?

El Juicio Final ya no se cita, ni por los cristianos. Está obsoleto. Quién lo comprenderá, casi nadie. Entonces, mejor no hablar de ello. Y, sin embargo, sigue ahí. Dios tendrá la última Palabra, no sólo sobre la muerte, sino sobre la Vida. El cononarivus, el COVID19 o como se quiera llamar nos cuestionará a todos. De un modo u otro, hemos dado respuesta. Dios, y nosotros si somos muy sinceros, sabe cuál y de qué modo. Siempre nos ha afectado y nosotros hemos afectado a otros.

José Fernando Juan, @josefer_juan