¡Bendita!

«Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús». 

Segunda frase del Avemaría. En la primera recordábamos las palabras del Ángel a María. Escuchamos ahora las que “Isabel, llena del Espíritu Santo exclamó a grandes voces: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1, 41-43). Es como si quisiera dar a conocer al mundo entero la dicha de María, las “obras grandes que el Poderoso ha hecho en ella”, como si gracias a eso quedara registrado y no se escondiera por la humildad de la Virgen. Párate a contemplar la escena, míralas, pide también ser tú como santa Isabel, ¡saltar de gozo ante la presencia de la Virgen y del Niño!

De todas las grandes virtudes en las que se podría haber fijado Dios en María para escogerla como Madre de Su Hijo se fijó en la más pequeña: su humildad. María es la Virgen humilde. Con esto se está cumpliendo lo que diría Jesús más adelante en su vida pública: “te doy gracias Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos de este mundo y se las has revelado a los pequeños y humildes (Mt 11, 25-27)”. Además, en María se cumplen todas las bienaventuranzas. Os animamos a que meditéis el pasaje de las bienaventuranzas (Mt 5, 1-12) o (Lc 6, 20-26) en clave mariana.

Empezamos la oración saludando a nuestra Madre. Ahora toca decirle lo buena, bella, amable, cariñosa, atenta, delicada que es. Y con este «Bendita» que recitamos a nuestra Madre estamos reconociendo toda la labor divina hecha en María. Jesús, mientras tanto, se va formando en el vientre de Su Madre. Además, estamos alabando a la vez a Jesús con ese “bendito”. Esta frase de la oración es verdaderamente especial porque se alaba tanto a Jesús como a la Virgen, ¡benditos vosotros! ¡Bendita eres, Madre, Madre de Dios! Jesús se hizo niño para que los soberbios le dejaran entrar en su corazón ( Papa Francisco). María como bendita, es el camino más seguro hacia Dios. 

María es la mediadora de gracias. Es una frase exultante. Una frase de regocijo. Ella cada vez que escucha esta parte, estoy seguro que se alegra, y nos devuelve la sonrisa más tierna que podamos imaginar.

Os animamos a que este “Bendita” se convierta en una Jaculatoria. Al pasar delante de una Iglesia, esté abierta o cerrada, podéis rezar esta palabra pensando en María: “Bendita”. Disfruta rezando el Ave María, no tengas prisa, recréate echando piropos a tu Madre. 

Pablo Navarro