#LaColecta de la Misa de hoy. Nuestra conversión

Oración colecta de la Misa de hoy:

«Dios todopoderoso y eterno, lleva a su pleno cumplimiento en nosotros el Misterio pascual, para que, quienes, por tu bondad, han sido renovados en el santo bautismo, den frutos abundantes con tu ayuda y protección y lleguen a los gozos de la vida eterna«.

A veces pensamos que ya está todo hecho: es decir, que por ser cristianos -o por haber sido bautizados y haber dado un par de repasos al Catecismo- ya está la obra de la salvación cumplida en nuestra vida.

Es una idea que no deja de tener su verdad: la gracia es tan sobreabundante que con muy poco se puede hacer mucho, como la levadura en la masa y todo eso. Pero es un engaño si nos sirve -y a veces pasa- para creer que ya está, que Dios no tiene nada más que hacer en mi vida.

Como mucho, le dejamos que arregle lo de fuera, la salud, el dinero y el amor. Pero a mí, que no me líe.

Hoy la oración de la Iglesia va exactamente en el sentido contrario: los que tenemos que terminar de recibir la gracia somos nosotros, los que tienen que convertirse son los que participan de los Misterios.

Todavía no estamos salvados, todavía no hemos llegado a ser lo que Dios nos tiene preparado. Parece mucho -de hecho, es mucho-: por eso se lo pedimos a Dios. No estamos a la altura, y eso que hemos sido renovados: pero eso es sólo un comienzo.

Los frutos abundantes que tienen que llegar empiezan por la propia vida: virtudes y obras buenas. Obras superiores, de hecho, a lo que pensábamos: en la oración, en la generosidad, en el servicio, en la paciencia y en la humildad (por indicar sólo algunas).

Los gozos de la vida eterna, no lo olvidemos, tienen que ver con el gozo de que nuestra vida esté totalmente entregada a Dios y totalmente gobernada por su voluntad: si esto no nos gusta, no nos gustará la vida eterna junto a Él.

Rubén Pereda (@donrupereda)