Redescubrir la belleza del Rosario

Celebramos hoy, en el cuarto domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y por las Vocaciones Nativas. Avanzando en medio del confinamiento, día a día, semana a semana, hemos llegado al mes de mayo, el mes de María. Precisamente el papa Francisco publicó el pasado sábado 25 de abril una carta dirigida a todos los fieles con motivo del mes de mayo, en la que invita a las familias a rezar el Rosario en casa durante la actual pandemia del coronavirus.

Entre las múltiples retransmisiones de celebraciones y plegarias que se van realizando durante estas semanas se encuentra también la retransmisión del rezo del Rosario cada día a las 19 h. desde la capilla de nuestro Obispado por su canal youtube. En la misma línea que el Santo Padre nos indica, hemos ido recordando desde el  primer día del confinamiento la importancia de vivir y expresar el amor y la devoción a la Virgen María a través del rezo  del Rosario en casa, en familia. Las restricciones de la pandemia nos han permitido en unos casos mantener y en otros casos recuperar esta expresión y vivencia de oración en la familia, en la iglesia doméstica, y que con el ritmo de la vida actual y la irrupción de las nuevas tecnologías se hace tan difícil.

El Papa nos anima a redescubrir la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo y a unirnos a él a través de esta oración, con la seguridad de que “contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba”. Se trata de una de las más bellas devociones marianas con la que, mediante la repetición de las oraciones más importantes de nuestra fe cristiana, entramos en un clima de piedad y contemplamos la relación de Cristo y la Virgen María.

Las oraciones y la formulación de los misterios que se contemplan se toman de los Evangelios. El Padrenuestro es la oración más importante de todas, ya que es Jesús mismo quien la enseña a sus discípulos;el Avemaría recoge el saludo del ángel a María y la felicitación posterior de Isabel; el Gloria es el desarrollo de la fórmula trinitaria que Jesús pronuncia cuando envía a los apóstoles.

El Rosario es una oración centrada en Cristo, que ayuda a comprender mejor los momentos centrales de la salvación realizada por Él. Alabando a María proclamamos nuestra fe en Cristo, anunciamos la encarnación del Hijo de Dios, del cual ella es Madre. En los misterios gozosos contemplamos a Cristo en su vida escondida; en los luminosos, en su ministerio mesiánico que se hace predicación y signos del Reino; en sus misterios dolorosos contemplamos su pasión y muerte; en los gloriosos, su victoria sobre la muerte y su exaltación. María siempre está a su lado, unida y colaborando en su obra redentora.

El rezo del Rosario es un acto de fe por el que vamos entrando en la relación personal con Cristo, en el conocimiento de su Persona y de su misterio de salvación. Nos ayuda en nuestra peregrinación de la fe, guiados por María, Madre y Maestra. Esta peregrinación la recorremos en comunidad, en familia, en Iglesia. Por eso el Rosario tiene también una dimensión profundamente eclesial. Dirijamos nuestra mirada a la Madre, pidámosle que nos enseñe a responder con prontitud y humildad a la llamada del Señor. Y pidamos hoy, especialmente, por las vocaciones a la vida sacerdotal, a la vida consagrada y por las vocaciones nativas.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Publicada por la Agencia SIC