Delante de un folio en blanco

Me he sentado en frente del portátil sin saber muy qué escribir, lo que sí sé es que me encantaría llegar lejos con las palabras. Empecé este pequeño proyecto con la idea de convertir mi ambiente más cercano, pero cada vez fue creciendo más.

El Jefe, como yo le llamo, fue abriéndose camino entre la gente a través de mí. Esta cuenta empezó después de una reunión de amigas, donde salimos dispuestas a cambiar el mundo, o al menos a aportar nuestro granito de arena. No éramos conscientes del arma que son las redes sociales, de lo mucho que mueven el mundo y de la importancia que tiene que estén en buenas manos. Y qué mejor que las Suyas, que lo ve todo desde arriba y sabe qué decir y cuándo hacerlo.

Después de esa reunión salí muy motivada, con ganas de comerme el mundo, de arrasar. Pero a veces caemos en eso, en ese pronombre personal que tanto nos gusta usar, en el “yo”. Cuando en realidad no es “yo”, es “nosotros”, se trata de dejar que Él te coja de la mano y te lleve al fin del mundo. Es confiar en que Él escribe la historia, tu sólo eres el lápiz que deja que una mano lo guíe. Hay veces que el libro es un éxito y otras no tanto, pero ese es el truco, dejarse llevar y confiar en que todo pasa por algo.

Eso hice yo, al principio no confiaba tanto, pero esta cuenta me ha hecho crecer por dentro, me ha ido enseñando cada día, con cada frase. A veces me preguntan que de dónde saco una frase diaria, si no me quedo sin ideas, pero la respuesta no la tengo yo. Él sabe qué palabras necesita cada persona, yo solo soy el lápiz que se deja llevar, y en este caso el teclado.

Pero sigo siendo muy pequeña, y a veces todo me queda grande. Es muy bonito ver cómo eres el instrumento del más grande, como llega a cada alma. Pero ya os digo, que soy muy pequeñita a su lado, y que la que más aprende con todo esto soy yo. Que caigo mil veces, pues sí, pero me levanta otras mil más. Y así vamos, con un tira y afloja de los buenos, donde Él tira todo el rato de mí y a veces soy yo la que suelta la cuerda, pero ahí está otra vez, a través de vosotros, para que no suelte la cuerda, así que gracias a vosotros, también sois su instrumento, qué suerte tenemos.

Siempre me gusta dejar unas palabras para el Jefe, así que esto va para Ti. Gracias una vez más, por guiarme, por agarrarme muy fuerte, por no querer soltarme nunca, por enseñarme con pinceladas de amor y por dejar huella en mí cada día. Espero que estemos a la altura de dejar Tu huella…