¿Nada es nuevo o todo es nuevo?

¿No habéis escuchado en estos días que toooodo ha cambiado? Y es causa de inquietud, es casi amenazante. Pero curiosamente también escuchamos que todos los días son iguales, lleno de memes y vídeos de “me aburro, me aburro mucho” que han dado espacio a tanto challange… Entonces, ¿todo ha cambiado o todo es monótono y aburrido? Todos los anteriores. Pero quizás no estamos sabiendo ponerlo en orden, quizás.

Es innegable que nunca habíamos pasado algo así… y a la vez en verdad que estamos constatando puntos débiles y puntos fuertes, tanto de nuestra vida ordinaria, como de nuestras relaciones y quizás incluso de nuestra manera de ser… También es verdad que a muchas personas les está sobrando el tiempo, pero no en modo vacaciones, sino de una manera casi amenazante, como una condena…, mientras que otros muchos están trabajando más que nunca pero con una capacidad de concretración menor y con unas posibilidades de “disfrute” menores y distintas que las habituales (sin saliditas con los amigos o la posibilidad de cambiar de aires) Si te sientes identificado en algo de lo que he dicho, levanta la mano. Vale, ya la puedes bajar. 

Ante este escenario, necesitamos verdaderas certezas y verdaderas novedades. Esa es la fase que tengo clara. Verdaderas certezas: estamos en manos de Dios, y estamos juntos en esto, y con esto claro, puedo saber dónde piso y puedo incluso construir. Y verdaderas novedades: mucho se habló durante la cuaresma de cuánto se parece la cuarentena a la cuaresma, reflexiones muy atinadas… pero poco se ha dicho de la Pascua… ¡LA MAYOR NOVEDAD DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD ES LA PASCUA! La novedad nuclear del cristianismo es el triunfo de Cristo sobre la muerte, el proceso completo de los días que comprenden el Triduo Sacro, aceptar el querer de Dios aunque nos pese, confiar aún en medio del lamento “si quieres, que pase de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya…” del Jueves Santo, ante tantas injusticias en lo macro y antes tantos roces en las relaciones más directas el “perdónales, porque no saben lo que hacen…” del Viernes Santo, el silencio del Sábado Santo…, el “nosotros esperábamos…” de los de Emaús… así la Pascua nos pone en misión, en salida de nosotros mismos… nos permite hacer de los momentos – esperamos que finales- del confinamiento, una preparación y no sólo una espera pasiva. Señor, que me “suceda” el cristianismo, que me pase por dentro la redención, que te experimente para que, aquellos con los que tenga contacto, noten esa novedad que no es sólo ni especialmente todo lo que socialmente cambiará. Que sepamos vivir esto que llamamos “nueva normalidad” como un Año Nuevo extra, un envío extra, una actualización de todos los sacramentos que hemos recibido, en espera de poder recibir lo demás. 

Somos los que creen que un crucificado no fracasó. Somos los que creen en la resurrección de los muertos y en la multiplicación de los panes. Creemos en la conversión de los pecadores y en la vida eterna. Somos, si nos prestamos, una respuesta del todo novedosa para el mundo de hoy.

Paulina Núñez