Cuando salgo yo, entra Dios

Llevamos ya más de un mes de confinamiento y, sin embargo, vivimos en un profundo ruido interior… Se están lanzando propuestas, mil iniciativas, mil vídeos, mil cosas… Muchas de ellas buenísimas y verdaderamente es de agradecer todo lo que se está haciendo porque la Iglesia acompaña siempre, estemos donde estemos. No obstante, podemos caer en un activismo confinado, es decir, en un movimiento constante dentro de nuestro interior para no sentirnos solos, para no concebir ni una pizca de aburrimiento, para no quedarnos en silencio. Nuestro interior puede parecerse a un mar embravecido, a una inquietud constante.

Creo que ahora es momento de hacer silencio, de recurrir a aquellas cosas más necesarias, de no querer abarcar y llegar a todo, sino de hacer aquello necesario, aquello que el Señor quiere que hagas. Haz silencio y déjate encontrar por Cristo donde Él quiera encontrarte. «Cuando salgo yo, entra Dios». Cuando algo muere dentro de mí, Dios se presenta. Os compartimos una reflexión de un dominico que habla sobre el silencio como forma de vida, no silencio exterior, sino más bien silencio interior, silencio profundo:

«Hay que quedarse en silencio porque Dios tiene algo que decir. El silencio es para dar paso a Dios. Es dar luz verde para que Él se haga presente. Este silencio es la muestra de nuestra apertura. Abiertos y acogedores. La verdad es que cuando hablo estoy pendiente de mí, no salgo de mí y no puede darse un encuentro profundo y puro. Normalmente estamos excesivamente pendientes de nosotros, excesivamente enganchados en lo que queremos y deseamos. Hay que aprender a callar, a no hacer.

Nuestra cultura es la que nos enseña a creer que sólo vivimos cuando hacemos. En la medida en que realizamos cosas creemos ingenuamente que vivimos. En la oración, a veces, queremos decir, pero, hay que aprender a vivir sin hacer.

Jesús quiso descubrir esto a sus gentes «Buscad primero el Reino…». El silencio no es otra cosa que la búsqueda de ese Reino. Y el Reino está dentro. Al hacer silencio no nos separamos de la vida. La abrazamos. Jesús da prioridad a esta búsqueda y a este contacto. Algo tiene que aquietarse. Algo tiene que morir en ti para que Cristo viva. Hay un dicho árabe que dice: «No bajes al jardín. El jardín está dentro de ti». Si en ti hay una fuente, ¿por qué buscar otra fuente?, ¿otro pozo? El manantial está en ti. El silencio es para buscar el agua de ese pozo».

Hacer silencio, ¿para qué? Silencio para un encuentro con el Amor, para asentar la vida, para escuchar, para asumir la realidad no deseada, para edificar de nuevo, para vivir con atención, para vivir en la presencia de Dios, para retornar al Paraíso, para volver al origen, para descansar, para responder al dolor humano, para romper modelos de conducta, para vivir una rebelión interior, silencio para abandonar la ceguera, silencio para estar.

Cuidemos ese silencio interior para vivir plenamente en la realidad, para ser libres y para dejarnos guiar por el Señor, para verdaderamente vivir el Reino de Dios ya aquí, en estas circunstancias concretas. Hagamos silencio para escucharLe, amarLe y seguirLe. El silencio es acción.