¿Qué va a pasar después? («Volveremos a brindar» de Lucía Gil)

Estos días estamos tarareando, quizá sin fijarnos muy bien en la letra, una bonita canción de Lucía Gil, que dice cosas interesantes. Estas son las reflexiones que me sugieren a mí, y que quizá serán distintas de las tuyas.

Días tristes, nos cuesta estar muy solos
Buscamos mil maneras de vencer la estupidez
Meses grises, es tiempo de escondernos
Tal vez sea la forma de encontrarnos otra vez”

Quizá tenga razón esta primera estrofa, porque los negros nubarrones que hemos vivido en nuestro horizonte vital en estos días nos han llenado de tristeza e incertidumbre -tal vez por la pérdida de seres muy queridos-: el suelo sobre el que habíamos fundamentado toda nuestra existencia que pensábamos era eterna, se abría a nuestros pies.

La soledad en la que vivíamos -no hay mayor soledad que la de quien no piensa-, disfrazada de ruidos y escenarios evanescentes, se nos ha venido encima, y ha llenado nuestro corazón de angustia. Una pena, que casi no nos dejaba respirar el alma, que hacía que lo que nos llenaba de aparente alegría en otros momentos, dejase el alma seca y el corazón hueco, sin amor.

Estábamos perdidos y no lo sabíamos: ahora nos hemos dado cuenta, aunque nos siga costando reconocerlo. Esperamos que muy pronto todo haya pasado, como se pasa un mal sueño, una gripe que deja el cuerpo hecho unos zorros. Estamos deseando revivir lo que más adelante nos dice la canción…

Volveremos a juntarnos, volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar
Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos”

Esa espera no es solo dejar pasar el tiempo para que todo vuelva al punto en el que estábamos, no: tienen que cambiar muchas cosas en nuestras vidas. Tienes que cambiar tú. ¿En qué?

Lucía Gil nos da algunas pistas:

Ahora es tiempo de pensar y ser pacientes
Confiar más en la gente, ayudar a los demás
Mientras tanto otros cuidan los pacientes
Un puñado de valientes, que hoy tampoco dormirán”

Tiempo de pensar, ser pacientes y valientes (que riman muy bien) y ayudar a los demás. El ejemplo de ese puñado de gente que se está jugando la vida y la salud por nosotros, nos da un poco de envidia, y nos remuerde la conciencia porque quizá yo no hago nada. Yo ¿soy valiente o soy cobarde? ¿Me veo capaz de vencer mi estupidez? ¿Estoy dispuesto, estoy dispuesta a confiar más en la gente, escucharla -lo decía uno de los capellanes de IFEMA estos días- y ayudar a los demás?

Me dan ganas de llorar
Al vernos desde lejos tan unidos, empujando al mismo sitio
Solo queda un poco más”

Y ese poco, soy yo. Si yo cambio, ayudaré a que cambien los demás. Piénsalo… Echo de menos una referencia a Dios, es cierto, pero es que sin Dios esta letra pierde fuerza, como tu vida que ves pasar cada día “confinada” en la pobreza de tu pobre estupidez. ¿Empujas conmigo hacia Dios?

Jaime Sanz (sacerdote)