El servicio a los demás da sentido a mi vida. Testimonio de Marta García

    Soy Marta García, tengo 22 años y soy de Santander. Estudio 4º de Educación Infantil y Primaria en la Universidad Villanueva. Soy la cuarta de cinco hermanos. Antes de ponerme a escribir esto he tenido que acudir a la oración porque ponerle palabras a la fe solo puede salir con la gracia de Dios. Los de “Jóvenes Católicos” me dijeron cuando me ofrecieron esta gran oportunidad, que vivir la fe es un hecho extraordinario, y en relación a esto, pienso que es mucho más extraordinario compartirla.

    Gracias a Dios, desde el principio mis padres me han educado en la fe cristiana desde la sencillez, la alegría, el esfuerzo y el servicio a los demás. Gracias a ellos, he comprendido que el servicio a los demás es lo que da sentido a mi vida. Y ese servicio a los demás trato de hacerlo siempre imitando a Jesucristo. De hecho, una de las razones por las que estudio Educación es porque es una profesión en la que constantemente se piensa en la otra persona. Cuando sea responsable de una clase de niños, ojalá sea pronto, quiero que ellos imiten a Cristo como yo lo intento hacer cada día. Uno de los pilares de mi fe es santificarse en el trabajo, y no hay mejor manera de santificarse, que hacer que unos niños puedan amar a Cristo. Además, escuchando la misa del Domingo de Ramos del Papa Francisco, que fue inolvidable porque la vivimos desde casa, pero más inolvidable me resultó la siguiente frase: “La vida no sirve sino se sirve porque la vida se mide desde el Amor”.

    He de decir que mi fe ha sufrido bastantes altibajos. Hubo un momento, en el que mi fe se tambaleó por completo, y creía que no tenía solución. Cuando tenía quince años, mi padre falleció repentinamente. Ese momento fue un momento de separación completa entre Dios y yo. Dejé de escucharle porque pensaba que Él tampoco me escuchaba a mí. Hasta que comprendí que el sufrimiento y el dolor son necesarios en la fe. Cristo sufrió más por mí y por todos. Por eso, cuando tengo un mal día, cuando estoy en un momento en que sufro, recurro a la Cruz, que es la muestra de Amor más grande. Con eso sé que incluso Jesús me sigue queriendo aunque me aparte de Él. Y alguien me dijo una vez que “Dios le da sus peores batallas a sus mejores soldados”. Mi fe pudo resurgir gracias a mi madre, porque ella nunca perdió la confianza en Dios. También recomencé gracias a que he llorado muchas veces delante del Sagrario. En muchas ocasiones, he tenido que aguantar el sufrimiento cada vez que hablaba sobre mi padre, sobre todo con mi familia, porque lo que más me hacía sufrir era verlos a ellos sufrir. Con el Único que no te tenido que aguantarme las lágrimas ha sido con Jesús, por eso sé que Él siempre ha estado ahí, aunque me haya apartado algunas veces. El fundamento de la santidad es la lucha y es necesario pasar por el sufrimiento para darse cuenta de que esa lucha es por un bien mayor. Además, la fe se vive de una manera más especial cuando ha fallecido un familiar cercano, porque estoy segura de que mi padre ha alcanzado lo que yo y todos queremos que es gozar del Amor pleno de Dios en el Cielo. En la fe es importante recomenzar, porque vuelves con más fuerza, y ahora la tengo más que nunca.

    Esa fuerza se mantiene también gracias a la Eucaristía. Antes del confinamiento, tenía la suerte de recibir a Jesucristo cada día. Ahora, aunque también tenga la suerte de recibirle todos los días, espiritualmente, me ayuda a apreciar lo afortunada que soy de poder acudir a Él siempre. Cada día tengo más ganas de recibirle cuando pase todo esto.

    Por último, me gustaría destacar lo importante que es la formación para la fe. Aparte de que la formación te ayude a comprender más cosas sobre la fe, es necesaria para poder transmitir el mensaje de Cristo a mucha gente. Por eso, quiero agradecer tanto a mis padres, como al Opus Dei, y sobre todo a la asociación Universitaria Recoletos la formación que he recibido. He podido recibir formación desde siempre y me encanta poder dar testimonio de ella. Quiero terminar estas palabras, transmitiendo mi alegría de ser Hija de Dios, de poder contar con Él cada día, sobre todo en la Eucaristía y de saber que algún día me encontraré con Él y con mi padre, pero antes he de luchar sin rendirme porque como decía Santa Teresa de Jesús, solo Dios basta.

    Marta García Fernández