Pizzas contra el coronavirus

Dicen que las personas nos mostramos tal y como somos en las situaciones límites. Mark Twain escribió una vez “si quieres conocer a una persona, viaja con ella”, porque es ante las adversidades cuando realmente conocemos a quien tenemos delante.

Durante todos estos días hemos visto cómo hay gente capaz de dar la vida por amor, como es el caso del Padre Giuseppe Berardelli, quien cedió su respirador al enterarse que alguien más joven lo necesitaba; también hemos visto casos de gente egoísta, pero esos ahora no nos ocupan.

El caso que hoy os traemos es el de un pequeño negocio de Jaén formado por grandes personas, personas que han decidido arrimar el hombro en mitad de este temporal de una forma muy particular: haciendo pizzas.

Maracaná surgió de las inquietudes de dos personas, Deborah Grey y José Galán quienes, tras un tiempo por caminos diferentes (vienen del sector del marketing), aunaron fuerzas y crearon un restaurante que combinaba la comida callejera brasileña con la más clásica pizza napolitana, pero yendo un poco más lejos que el resto: “recorrimos media España para formarnos y aprender, viendo hornos, pizzerías y pizzaiolos, hasta que llegamos a Il Tiramisú, en Móstoles, y conocimos al monstruo Marco Facchin. Hicimos todo lo posible por traerlo a Jaén y que nos enseñara.” Pero todo cambió hace unas semanas, cuando decretaron el Estado de Alarma. Las prioridades cambiaron; la forma de ver el mundo que nos rodea también. En medio de esta vorágine, José y Deborah decidieron colaborar con quien, sin padecer la enfermedad, peor lo estaba pasando; los más desfavorecidos. Fue así como empezaron a llevar cenas al centro del Convento de Santa Clara y a la Salobreja, donde ahora reciben asilo todas las personas que no tienen dónde dormir en estos días tan duros.

No contentos con la casi heroica labor que estaban haciendo, decidieron dar un giro más de tuerca: los lunes, su día de descanso, abrirían y destinarían toda la recaudación a Cáritas. El éxito fue tal que, el primer lunes de esta iniciativa, agotaron las masas de pizza… ¡a las diez de la noche! La acogida por parte de la gente fue impresionante.

Hace unos días nos pusimos en contacto con ellos para conocer más a fondo su iniciativa y, por el interés de la misma, creemos que es importante dejaros la carta que nos enviaron para que la podáis leer:

“Estamos muy agradecidos a todos nuestros clientes, que además son en su mayoría
vecinos y amigos, porque nos han dado todo lo que ahora tenemos. Por tanto, cuando empezó la pandemia, supimos que era el momento de devolver lo que la sociedad nos había dado.

Nuestro primer pensamiento estuvo al lado de los más desfavorecidos, que en cualquier catástrofe humanitaria o sanitaria siempre son los últimos en recibir ayuda. Porque, párate a pensar: claro que es triste estar confinado en tu casa sin poder ver a parte de tu familia o
amigos, pero, ¿y el que ni siquiera tiene casa? ¿O un padre o hermano al que abrazar al final del día? Esto nos encoge el corazón y nos volcamos en esta causa. Entonces, si realmente quieres ayudar a los necesitados, si quieres llegar donde casi no va nadie, ni va a haber aplausos, ni fotos, pero sí personas que necesitan la caridad humana; entonces,
inevitablemente te encuentras con Cáritas Diocesana. Porque ellos siempre están allí, al lado de los más vulnerables, haciendo su labor con humildad y constancia. Empezamos
ayudándoles llevando cenas a los centros de transeúntes y albergues, pero había que ir un
paso más allá, por eso decidimos abrir el Maracaná los lunes, en nuestro día de descanso,
para donar la recaudación íntegramente: «si el desamparo, la incertidumbre y el miedo no
descansan, nosotros tampoco». Seguiremos por esta senda hasta que acabe la pandemia, a
sabiendas de que será un camino largo y duro. Animamos a Jóvenes Católicos a que también den un paso adelante, la sociedad y nuestro país os va a necesitar más que nunca, es hora de demostrar quiénes sois y cuáles son vuestros valores.”

Fuertes y unidos, venceremos.
Maracaná.