¿Qué puedo aprender de la canción ‘Alegría de vivir’ de Jaime y Marcos Soto?

¿Qué puedo aprender de la canción ‘Alegría de vivir’ del grupo sevillano ‘Mi hermano y yo’ que forman los hermanos Jaime y Marcos Soto? Pues yo creo que mucho. Son valores escondidos en una canción sencilla. Y bueno, en lo sencillo está la clave. A lo mejor es cuestión de ver un poco más allá del buenrollismo, que está genial, pero que no es lo único que puedes apreciar en esta letra.

Autosuficiencia

No solo lo dice el Papa Francisco de una manera tajante, también Marcos y Jaime de otra manera: con un lenguaje del siglo XXI. En más de una ocasión las situaciones nos superan y no entendemos lo que ocurre, nos sentimos desorientados y buscamos una respuesta que alivie nuestro ‘agobio’ o, incluso, que nos lo elimine.

Dicen ellos en la canción “Tengo que reconocer que no sé dónde está la salida”. Y no pasa nada, no tenemos la capacidad de saberlo todo. Y no saberlo todo no significa ser un ignorante, quiere decir que no somos omniscientes, que no tenemos el control de todo lo que pasa.

La compañía, complicidad y confianza

Un plan, y otro, y otro… vamos a hacer una lista y vamos a ir tachando, además cada cual debe ser mejor. La creatividad es un valor añadido, eso está claro. E ir superándose en cuanto a planes está genial, es un buen reto, pero no hay que obcecarse con mejorar siempre el anterior.

La creatividad, las ideas… a veces no fluyen. Y entonces ¿qué queda? Queda la compañía, lo más importante de un plan. Así lo cantan los hermanos Soto en esta canción “quiero viajar contigo a ningún lugar”. A ningún lugar, es decir, el plan que quieras, pero contigo. Valorar más a quién tengo en frente que lo que estoy haciendo.

Y ¿Qué hay de esas personas que se entienden con tan solo una mirada? Que no hacen falta palabras para saber qué están pensando, como si fuera magia. “Tan solo quiero con una mirada que nos podamos comprender”. Yo, al menos, lo veo clarísimo: deseo que exista mucha confianza para no tener, muchas veces, que explicarnos las cosas. Pero ¿cómo llegar a esto? Con mucho trabajo, con mucha comunicación. Esto es como cuando aceleras en un coche, a algunos les cuesta más, a otros menos, pero todos superan (al menos hoy en día) ciertos km/h. Y tienes que pisar el pedal, tienes que hacer algo. La confianza se trabaja.

Parar, ser yo y la alegría de vivir

Imagínate a un caballo con anteojeras: ni sabe dónde va, ni ve a su alrededor (necesita alguien que le guíe). Y a veces hay que parar, quitar la venda de los ojos y seguir para ver con más claridad. Mira, en el parque natural de Zhangjiajie (China), lugar que inspiró las Montañas Aleluya de la película Avatar, está el puente de cristal.

Si no sabes cuál es, búscalo y respóndete a la pregunta ¿Lo cruzarías corriendo con un antifaz? Lo que quiero decir es que, por algunos sitios, en algunas situaciones, hay que ir más despacio y mirando bien dónde pisamos para evitar, valga la redundancia, evitables caídas. Y esto es aplicable a nuestra vida: no por correr más se llega antes a la meta, y mucho menos con una venda en los ojos. Marcos y Jaime Soto lo dicen así “a veces quiero correr sin saber por dónde voy pisando”.

A veces quiero reír cuando está todo el mundo llorando” cantan los Soto. Ser yo, qué difícil (o no). No todos sentimos, vivimos y vemos igual las cosas. Ahí está la riqueza del ser humano: somos distintos, pero nos complementamos ¡Qué buena noticia! Y, por supuesto, vivir es una alegría enorme: sentir, pensar, ver, tocar, oler… Somos unos afortunados ¿Lo sabías?

La canción la puedes escuchar aquí: https://www.instagram.com/tv/B–A3gOHgpW/?igshid=12b9vrtom51js

Jaime Pastor Cruz