#LaColecta de la Misa de hoy. La Divina Misericordia

Oración colecta de la misas de hoy:

«Dios de misericordia infinita, que reanimas, con el retorno anual de las fiestas de Pascua, la fe del pueblo a ti consagrado, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendan mejor qué bautismo nos ha purificado, qué Espíritu nos ha hecho renacer, y qué sangre nos ha redimido».

La oración de la Iglesia hoy habla de misericordia: este es el atributo divino que destacamos al hablar con Dios. Su misericordia infinita, que se manifiesta en la Redención -la fiesta de Pascua-. Esa es la misericordia de Dios, abrir las puertas del Cielo, y dejarnos pasar.

Quien se dirige a Él es su pueblo consagrado: en cada Misa estamos todos. No sólo el celebrante, no sólo el asistente de corazón dispuesto, no sólo quien está en el acto, también cualquiera, en cualquier sentido de «estar consagrado». Fe: ahora en el valor universal de la Misa.

Fe y gracia para comprender: confía en Dios, y pídele luces. Y si no te las da, pide más. Que Él y sus medios son mucho mayores que nosotros: Pascua es tiempo de crecer en la comprensión del misterio -total, como nunca lo vamos a entender del todo, siempre se puede mejorar-.

¿Qué es lo que tenemos que entender mejor? Todo, es cierto; pero hoy la Iglesia nos propone tres cosas: el bautismo, el Espíritu Santo, y la sangre de Cristo. Y cada una de ellas nos obtiene algo: purificación, renacimiento y redención. Os dejo tarea: yo sólo doy tres ideas.

Bautismo y purificación: Dios nos ha limpiado, nos ha unido a su Hijo para que estemos tan limpios de pecado como Él, para que tengamos la misma mirada, la misma vida, la misma libertad. Ese es nuestro bautismo, y no -ya sé que no pensáis así- un triste apuntarse a la cola.

Espíritu Santo y renacimiento: somos un pueblo nuevo, que se sitúa en otra dimensión. Hemos renacido en este mundo, es verdad, pero con una vida que viene del Cielo. El Paráclito es quien nos da esta vida: vivimos la vida del espíritu y del Espíritu. Actuemos en consonancia.

La sangre de Cristo y la redención: pero, caramba, hay mal. Y mucho, y -éste es el que preocupa- somos culpables. Un hijo de Dios haciendo el mal -incluso pequeñito- no pega. Así que habrá que hacer algo: Cristo asume el castigo de los males que hacemos. Justo por pecadores.

Rubén Pereda (@donrupereda)