«Quiero que crezcas para adentro…»

Recemos por todos los que están sufriendo con motivo de esta pandemia. ¿Qué querrá Dios al permitir que esto suceda? Porque, en principio como dijo Jesús, «hasta los cabellos de vuestras cabezas están contados» ¡cuánto más esta calamidad!

Me pregunto, entonces ¿Qué quieres Dios mío? ¿Qué esperas de nosotros?… Una posible respuesta sería: «Quiero que crezcas para adentro… Quizá hasta ahora has puesto tu mirada sobre todo en tus logros visibles. Te animo a volver tu mirada hacia adentro y descubrir cuál es la verdad de tu corazón: ¿Qué hay ahí? ¡No tengas miedo! Yo te acompaño en ese viaje silencioso para que Me encuentres dentro de ti y Me dejes abrazarte por mi Amor misericordioso.

Quiero que te des cuenta —de verdad— que eres vulnerable, débil, frágil, muy frágil; y que esta conciencia no solo NO te desanime sino que te lleve a poner TODA tu confianza en mi Amor por ti. Darte cuenta de que no eres dueño absoluto de tu vida sino que estás en mis manos llagadas por los clavos que atravesaron las de mi Hijo. Y esto es fuente de gozo, alegría y paz. Piénsalo.

Quiero que vivas cada día como un regalo… Tantas cosas que dabas por merecidas o supuestas (trabajo, desplazamientos, generar negocios, planificar, cercanía de los tuyos…) Ojalá que a partir de ahora veas todo eso como lo que es: un don del Cielo. Tu vida entera lo es y la de los demás, también.

Quiero que aprendas a vivir un poco más cara a Mí, a la Vida Eterna que te espera si eres fiel a la Palabra y al Amor de mi Hijo. No puedes siquiera mínimamente imaginar la maravilla de Cielo que tengo pensado para ti desde la eternidad. Sueño con el momento de hacértelo ver…

Quiero que valores más a los que tienes cerca —tu familia— y menos tu ego.

Quiero que mires a tu prójimo como hermanos a los que has de amar y servir y no peldaños por los que subir. Quiero que tengas paz interior; que descubras la maravilla del silencio que hace posible el diálogo conmigo cada día.

Quiero que seas más humano, más divino, más hijo mío, más feliz.

Quiero que te levantes y emprendas con alegría cada día el camino a casa, mi Casa, tu hogar».

P. Daniel Concha