Como tú, yo también…

Desconozco que edad tienes pero comprendo que consideres a la vejez como algo muy lejano. Cómo tú, yo también he vivido ajeno a esta realidad sin saber todo lo bueno que me estaba perdiendo.

Desconozco si has convivido con una persona mayor de manera cercana, ya sea con una abuela, un vecino o un amigo de tu padre. Cómo tú, yo también creía que sólo podía tener relaciones valiosas con aquellos de mi generación.

Desconozco tu formación académica o tu ocupación diaría. Yo me gradué en Historia del Arte y después en Marketing y Comunicación, disciplinas muy alejadas a mi dedicación actual en el sector de la dependencia y la discapacidad, y como tú, yo también pensaba que eso de la vocación era inmutable y que surgía bien temprano.

El próximo mes de agosto, cumpliré 40 y hoy quería compartir con vosotros, los viejos del futuro, el proceso de desvelamiento que he vivido -con mucha gratitud- en mi persona. Muestra de esta visión serena sobre mi envejecimiento, es que éste me regaló unas gafas que no me gustan, pero con las que todo lo veo más claro. Y sorprendentemente, también, cuando me las quito.

De esa confusión total vengo para animarte a un movimiento que creo justo, el respeto y la admiración a las personas mayores, para que veáis que apesar de todo, cuando este colectivo -el más diverso- está sufriendo los mayores estragos del maldito virus, la vejez es un regalo y una oportunidad de seguir esta aventura llamada vida.

Ahora, ellos y ellas necesitan tu apoyo pero, mañana también. Será entonces cuando la sociedad que renazca tras este parón -que invita a la reflexión- resurja en un abrazo entre personas sin etiquetas prejuiciosas.

Como decía Miki, representante de España en la última edición de Eurovisión, “La venda ya cayó y empezarán nuevos días…”. Mi venda ya cayó y de esos días, comprobé que nunca es tarde para reconocerte confundido, emprender tareas pendientes o iniciar nuevos proyectos, pero sobre todo, para pedir ayuda y recibir consejos de aquellos, que han vivido mucho, y mayores desgracias como la que ahora vivimos en el mundo.

Abraza tu edad, aprovecha este “encierro” antes de que te arrepientas de no haber vivido con ilusión cada día. Como tú, yo también era un alma vieja, sin saberlo. Hoy lo celebro.

Francisco Olavarría Ramos.

Licenciado en Comunicación con formación en Gerontología