Legión de almas pequeñas

Pensando qué hacer estos días, cómo ayudar, dónde puedo servir mejor… Me agobiaba el hecho de estar en casa encerrada sin poder hacer nada, impotente, quizá humillada por no poder servir a mi vanidad, a mi buen nombre haciendo cosas asombrosas, teniendo grandes iniciativas, etc. Sin embargo, hasta ayer por la noche (ya pasados más de quince días en aislamiento) no me di cuenta de lo valioso que es cada uno desde donde está.

Esta mañana aún no tenía claro el tema del post, ¿qué deciros? ¿Cómo poderos iluminar un poco? ¿Qué puedo deciros que no sepáis ya? Pero leyendo un texto muy breve de santa Teresita me he acordado de algo muy muy importante, quizá lo más importante y lo que menos se ve. 

Santa Teresita del Niño Jesús fue una monja carmelita del s. XIX ¡patrona de las misiones! ¡Una monjita de 24 años, encerrada en su convento, patrona de las misiones! No fue nunca ni a África, ni a Asia, ni al comedor social de su pueblo; se consumió delante del Sagrario, en sus tareas diarias, haciendo lo que tenía que hacer, lo que Dios le pedía, ofreciéndolo todo al Señor para que Él hiciese lo que más le gustara. 

¿Por qué digo esto? Porque creo que es importante no olvidar que es muy necesario ayudar, hacer cosas, pequeñas o grandes acciones  en esta situación. Sin embargo, desde donde estemos, podemos ser corazón intercesor y reparador que es seguramente la base de todo. Hacer cada una de las acciones del día, desde levantarnos, hacernos la cama, lavar los platos, estudiar, incluso el tiempo de familia (tanto lo que nos cuesta como lo que más nos gusta) por una persona y, por otra y, por otra. De tal manera que al final del día has puesto en el Corazón del Señor una lista infinita de nombres para que el Señor las ayude, las salve, se compadezca de ellas… Todos estamos llamados a ser esta legión de almas pequeñas que desde sus casas pueden cambiar el mundo. San Juan Pablo II decía: «Aquellos que rezan cambian la historia». No desaprovechemos este tiempo. Da igual que no seas muy creativo, que no puedas hacer grandes cosas desde tu casa, siempre puedes ser víctima oblativa para el Señor, ofrecerLe pequeños o grandes holocaustos para lo que Él más quiera. Y Él sabrá todo lo que hace con aquello que le ofrezcamos. No caerá en saco roto. 

Todos formamos una legión de almas pequeñas, haciendo cosas pequeñas que el Señor transforma en milagros, aunque no veamos los frutos. Y verdaderamente, si tenemos amor dentro de nosotros seremos creativos, porque el amor siempre busca maneras de manifestarse, de hacerse nuevo. Aunque sea en detalles pequeños y simples. Por ejemplo, dejar un post it a los pies del crucifijo de nuestro cuarto y apuntar aquellas personas que más necesitan de nuestras oraciones e ir intercediendo por ellas a lo largo del día. O pasar una palabra del Evangelio por whatsapp cada día, o unirme a una alabanza cantando desde mi cuarto, o escribir una carta a un enfermo del hospital, y tantas otras cosas que podemos hacer.

Que santa Teresita sea nuestro ejemplo de alma pequeña, porque viéndose pequeña fue gigante a los ojos del Señor. Y todo lo que puedas hacer, por pequeño que te parezca, ¡hazlo! El Señor sabe lo que hará con todo esto. 

¡ÁNIMO! Que nos convirtamos en una verdadera legión de almas pequeñas dando en todo la mayor gloria a Dios.