Mi vocación. Hermana Paula Bort

    Soy Paula Bort, hermana de Ntra. Sra. de la Consolación. Soy de Castellón, pero actualmente vivo en el colegio de Madrid.

    Quiero compartir con vosotros la historia de mi vocación. Cuando tenía unos 14 años, alguien me presentó a las hermanas de la Consolación que me invitaron a participar en una convivencia, que iban a hacer en una residencia de ancianos de Forcall, un pueblo de Castellón. Aunque no sabía muy bien por qué, algo en mi corazón me decía que fuera. Allí viví experiencias inolvidables. Me llamaba la atención la forma en que las hermanas vivían, se acercaban a los ancianos, los acariciaban, les regalaban su mejor sonrisa. Después de aquella convivencia, nada fue igual.

    Empecé a ir al voluntariado del Hospital Provincial donde vivían las hermanas, visitaba a los enfermos, sobre todo a los que estaban solos, intentaba regalarles lo mejor de mí, pero resultaba que al final, ellos me regalaban a mí mucho más.

    Poco a poco fui conociendo más a Jesús, desde el silencio y la oración, compartiendo mi fe, celebrando la Eucaristía con ilusión. ¡Me sentía tan feliz cuando vivía todo esto!

    Hasta que empecé a darme cuenta de que Jesús intentaba decirme algo importante. Intuí que me pedía ser hermana de la Consolación y llevar su consuelo a todos aquellos que más lo necesitan. No siempre estuve tan segura de ello, pero confiaba en mi Dios, que me conocía profundamente y me amaba con locura, ¿qué puede querer de mí, sino que sea feliz? Así que me lancé a vivir esta aventura, con sus tropiezos y caídas, con sus alegrías y tristezas, con tantas manos amigas y hermanas, con tanta vida vivida y compartida… .toda una aventura.

    Para mí hoy, ser hermana de la Consolación es dejarme amar por el Dios de la vida, que me impulsa a dar la vida que llevo dentro. Es amar al hermano con gestos muy concretos, sencillos y cotidianos. Es ser sencilla, natural, sincera y auténticamente yo misma y desde ahí compartir lo mejor que tengo, la vida y el consuelo de Dios.

    A todos los adolescentes y jóvenes os diría: ¡vale la pena!, vale la pena vivir con los ojos abiertos y los oídos atentos para descubrir la belleza de la vida, para descubrir que Dios está SIEMPRE con nosotros, que nos espera, que nos ama en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo más humilde de la vida.

    Termino con una palabra que resume todo: “¡GRACIAS!”, gracias Señor Jesús porque estás conmigo SIEMPRE, gracias, por llamarme a ser feliz contigo.

    Paula Bort (HNSC)