Desde mi aislamiento. Belén del Molino

    Cuaresma es tiempo de limpieza y de conversión. Este año viviremos una Cuaresma sin duda diferente. Alejados de la sociedad y del ruido, tal vez sea una oportunidad para encontrarnos con nosotros mismos.” Ese era el comienzo de la catequesis que recibimos el grupo de jóvenes de la parroquia Nuestra Señora de las Fuentes el pasado 22 de marzo, que, a falta de una catequesis presencial, la tuvimos versión digital.

    Soy Belén, tengo 17 años, vivo en Madrid con mis padres y mis hermanas, y estudio segundo de bachillerato. Pertenezco a la parroquia de Nuestra Señora de las Fuentes, allí me confirmé el año pasado y voy a catequesis en el grupo de jóvenes todos los domingos. Además, este último año he empezado a bajar a Anuncio y a horas santas de Hakuna. Considero que mi relación con Dios tiene un papel central en mi vida por eso, cosas como éstas, me llenan mucho, orar rodeada de gente, algo que últimamente se ha complicado.

    Al principio me costó mucho aceptar esta realidad, no solo por estar encerrada en casa, en un primer impacto mi única preocupación eran mis estudios, me daba miedo lo que la cuarentena podía implicar a nivel académico. No lo veía en ningún sentido como una oportunidad, si no como un lastre, un obstáculo. Cuando asumí la situación, empecé a pensar en más ámbitos de mi vida, en mis amigos, en mis abuelos, en actividades que estábamos organizando desde la parroquia… Y también en pequeñas ridiculeces que me generaban dudas tan a largo plazo que ni siquiera creo que tuviese sentido pensar en ello, qué iba a pasar con el viaje a Galicia que íbamos a hacer los de clase, o con el campamento de verano de la parro, cómo iban a subir las notas de corte…

    Todo eran dudas, incertidumbre, estando sola gran parte del día he tenido mucho tiempo de reflexión, mi problema los primeros días es que nada me parecía estable, un simple virus iba a afectar de una forma mucho más potente y cercana de lo que esperábamos a nuestras vidas. Un día decidí volver a instalarme Instagram, que llevaba sin tener desde enero, y empecé a ver un montón de propuestas y de recursos para estos días. Los grupos cristianos estaban más presentes en mi vida que en una semana ordinaria, con las horas santas y las misas diarias de Hakuna, directos para orar cantando, como uno que llevan dos hermanas del coro de las fuentes, reflexiones para orar propuestas en la cuenta de los jóvenes, de la deleju… Entonces me di cuenta de lo egoísta que estaba siendo, que Dios sí que era estable, y que no había mejor momento para cuarentena que Cuaresma, ya que podemos entender la Cuaresma como tiempo de aislamiento para sanarnos antes de Semana Santa, y este año tenemos la oportunidad de vivir este aislamiento de verdad.

    No creo que cuando termine la cuarentena aprecie más mi vida, creo que ya la apreciaba, lo que sí que ha cambiado es la confianza en la humanidad, en la unión humana, lo que se observa todos los días a las ocho de la tarde, cuando todo el barrio sale a aplaudir, porque no vivimos la vida como individuos, vivimos como comunidad, y necesitamos unos de otros, y a veces se nos olvida. Por eso me alegra cuando alguien con quien no suelo hablar demasiado me escribe para preguntarme cómo estoy, y qué tal lo estoy llevando, y sé que no es por compromiso, porque no me deben nada, es por preocupación, por interés, y ahí se ve el verdadero valor de las personas. Lo mismo se ve en cómo las personas se ofrecen, cómo disponen su tiempo y sus recursos a los demás, mediante entretenimiento, ayuda escolar, apoyo emocional… 

    Creo que a pesar de lo que me están costando estos días, si me han servido para encontrarme a mí misma, porque, cuando me despisto, el mundo va muy rápido, y de vez en cuando es necesario parar. Estos días vivo mi fe sabiendo que soy cristiana, de una forma no presencial, pero sin embargo no diría que sola, porque, aunque no nos hagamos compañía físicamente, espiritualmente sí. Además, he podido observar cómo esto se extiende a otros ámbitos, como las relaciones intrapersonales. Ayudar nunca había sido tan fácil, y aunque no es la situación ideal, para mi quejarse ha perdido el sentido, no solo porque haya gente que lo está pasando peor, que la hay, sino también porque es otra oportunidad para ponerte a disposición de los demás.

    Por eso doy gracias por todas las personas que están dedicando su tiempo a amenizar el del resto y por todas las que a la distancia nos acercan a Dios, y pido porque todos sepamos sacar lo mejor de este tiempo, y sobre todo por las personas que peor lo están pasando por la enfermedad.

    Belén del Molino