¿Qué nos pasa?

¿Por qué estamos constantemente buscando novedades?

¿Por qué nos quejamos permanentemente de la poca variedad de nuestra vida de piedad?

¿Por qué somos incapaces de llevar adelante la rueda de nuestros deberes ordinarios año tras año?

¿Por qué deberes menores, como el trato con gentes de baja condición, nos resultan desagradables y fastidiosos?

¿Por qué necesitamos una predicación enérgica o libros interesantes a la vez que impactantes para mantener fijos en Dios nuestros pensamientos y sentimientos?

¿Por qué nuestra fe se altera y debilita solo por haber oído casualmente alguna objeción contra la doctrina de Cristo?

¿Por qué nos entra tanta impaciencia por que se dé respuesta a esas objeciones?

¿Por qué tanto miedo a los acontecimientos del mundo, o a las opiniones de los hombres?

¿Por qué tanto temor de sus censuras o de su risas?

Digámoslo con toda claridad: porque nos falta amor. El que ama se preocupa muy poco de cualquier otra cosa. Que el mundo vaya por donde quiera; él ni lo ve ni lo oye, porque sus pensamientos están en otra parte. Lo que le preocupa es andar con Dios, y que lo encuentren con Dios.

J.H. Newman

Publicado por D. Ruben Pereda en twitter (@donrupereda)