Amar en tiempos vueltos y revueltos

Quiero dirigirme a ti, da igual si eres cristiano o no, eres persona y Jesús te ama con la prudencia que marca tu libertad. Si Le escuchas Le notarás, si no lo haces, te cuidará, pero no te interrumpirá.

Una cuarentena de silencio en las calles pero de dolor en muchos hogares, que deben servirnos para salir de nosotros mismos y sensibilizarnos con los demás. No solo con aplausos, que también, sino con la purificación de nuestro interior.

En estos días hemos visto que la irresponsabilidad mata, en todos los sentidos y a todas las escalas. Las acciones egoístas sin medir las consecuencias son armas de destrucción, que no tomar medidas a tiempo puede ser fatal.

Que lo que aparentemente es un acto sin más no lo es. Tan simple como lavarse las manos para evitar contagios a personas que puedes infectar y ellas enfermar.

Y eso mismo pasa con el alma, sino somos capaces de cortar hemorragias, que nos apartan del bien, en forma de caprichos, egoísmos, banalidades, cosechamos esa maleza en nosotros y los demás que tanto daño nos hace. Aparentemente no lo vemos, pero sin quererlo alimentamos el alma de alimentos que a la larga nos amargan.

Y es que vivimos en un mundo en el que nos importa muy poco la contaminación personal que cosechamos, nos importa nada la vida ajena mientras en la nuestra no falten quehaceres y placeres a doquier. Vivimos al segundo, cultivando la cultura del “me apetece”, “lo quiero”, “si los dos queremos…”.

No entendemos la limitación, el sufrimiento, la negación, como algo humanizador y positivo, como un regalo maravilloso que nos ayuda a crecer y ser fuertes.

Palabras que encasillamos en un rincón de nuestra pobre y perversa mente como términos a rechazar, como expresiones que no merecen ni la oportunidad de ser escuchadas.

¡Si no eres feliz con lo que tienes, jamás serás feliz con lo que te “falta”!

Es fácil amar, ser justos, prudentes, cuando no hay olas, pero qué difícil resulta navegar con una mar embravecida que no deja de golpear.

Sí, es el momento de parar, pensar, de preguntarse qué hacemos, cómo lo hacemos, y para qué lo hacemos.

Debemos prepararnos para amar, amar de verdad, con altas dosis de generosidad empezando en estos días en casa.

Se puede abrazar con una llamada a un amigo, sirviendo con amor, con sonrisas, con detalles, con palabras y silencios a los que tenemos cerca.

Con un rato de oración a Jesús y María les abrazamos y nos dejamos abrazar.

Salgamos de esta cuarentena con un corazón limpio, enamorado, dispuesto a dar la vida por los demás.

Javi Pacheco