La fiesta del SÍ

Hoy es fiesta grande, y aunque no es precepto nosotros podemos estarlo, porque hoy la Iglesia celebra… ¡LA ENCARNACIÓN! Y lo pongo en mayúsculas porque es la revolución más revolucionaria que ha existido en la historia. Hoy se celebra que Dios ha querido hacerse hombre para salvarnos, para redimirnos, para experimentar nuestra debilidad, para caminar junto a nosotros, para entendernos humanamente, ¡DIOS SE HACE CARNE POR TI! «El Verbo se hizo carne» es una de esas verdades a las que nos hemos acostumbrado tanto, que ya casi no nos impacta la magnitud del evento que expresa, decía Benedicto XVI. ¿Cómo celebrarás esta fiesta?

Primero leed con calma el Evangelio de la Anunciación y paraos allí donde el Señor toque vuestro corazón, donde algo os llame la atención. Y aunque os lo sepáis de memoria, la Palabra de Dios está viva y siempre dice algo nuevo. Hoy el Señor se te anunciará ¡a ti! Como cada vez que lees la Palabra de Dios, ¡qué tesoro tan poco atesorado! 

Un sacerdote muy bueno, el P. Mendizábal, reflexionaba así entorno al Misterio gozosísimo de la Encarnación, creo que nos pueden ayudar a todos a entrar en este misterio, como el ángel cuando entró en presencia de la Virgen:

«La aportación de la Virgen a la redención ha sido una aportación de amor dócil a la Palabra de Dios, que la ha llevado a asumirla y a ponerla por obra». ¿Cómo acogemos nosotros la Palabra de Dios? ¿La encarnamos como la Virgen? Plantéate cómo te preparas para recibir al Señor, cómo vives en presencia del Señor. ¿Vives atento? 

La Virgen es una pasada, verdadero modelo y maestra en todo. «María no había pensado en sus méritos ni en la grandeza de su amor. Palpaba su fragilidad y le parecía que lo que hacía no era más que lo que tenía que hacer. Por eso se pregunta en su sencillez por qué ese saludo tan alegre. Esta es la maravilla de la virtud». Es decir, María no se vanagloria de sí misma, simplemente hace lo que tiene que hacer con total sencillez y humildad y no le parece ningún mérito, más bien, le sale natural. Es verdad que es la Inmaculada, pero verdaderamente todos podemos vivir así, así de sencillos, así de humildes. Haciendo lo que tenemos que hacer.

«La respuesta de María es de una serenidad estupenda, admirable. En María no hay ninguna señal de duda, lo entiende, pero es responsable en su respuesta». No le causa temor la idea de Dios, simplemente se pregunta cómo sucederá pero no como curiosidad, sino para unirse aún más a Su Voluntad y acogerla en su plenitud. Ella que era virgen, que había decidido ofrecerse plenamente al Señor ahora le dice que será Madre, la más madre de todas. ¡Qué turbación! A veces los planes del Señor desconciertan, pero es porque Él quiere darse más. 

María entra en diálogo íntimo con la Palabra de Dios que le ha sido anunciada, no la considera superficialmente, sino que la sopesa, la deja penetrar en su mente y en su corazón para entender lo que el Señor quiere de ella, el sentido del anuncio.

En una catequesis Benedicto XVI expresa bellísimamente:

«Es importante, entonces, recuperar el asombro ante el misterio, dejarse envolver por la magnitud de este acontecimiento: Dios ha recorrido como un hombre nuestros caminos, entrando en el tiempo del hombre, para comunicarnos su propia vida (cfr. 1 Jn 1,1 – 4). Este modo de actuar de Dios es un poderoso estímulo para cuestionarnos sobre el realismo de nuestra fe, que no debe limitarse a la esfera de los sentimientos y emociones, sino que debe entrar en la realidad de nuestra existencia, es decir, debe tocar nuestra vida de cada día y orientarla de manera práctica. Dios no se detuvo en las palabras, sino que nos mostró cómo vivir, compartiendo nuestra propia experiencia, salvo en el pecado».

Hoy se celebra LA FIESTA DEL SÍ. Mira a la Virgen y diLe que SÍ al Señor, renueva tu sí cada día, de la mano del Señor, aunque dudes, aunque tengas miedo, aunque no sepas, aunque te fastidie… Dile SÍ. ¡Vale la pena! El Señor está deseando hacer grandes cosas contigo. ¡Menuda suerte tenemos!