Una Cuaresma histórica

Ninguna Cuaresma, puede ser vivida sin Dios. Un acontecimiento tan radical como la reclusión de Occidente y el enclaustramiento de millones de personas, puede ser vivido de muchas maneras. Quien se da cuenta de lo que pasa, dice, con esperanza, que lo contará a sus nietos. Pero nadie sabe qué pasará.

La Cuaresma está marcada en el Evangelio por dos palabras, dichas al inicio: “Conviértete y cree la Buena Noticia.” En la literatura hebrea, como es sabido, el “y” copulativo que une, al mismo tiempo asemeja. Convertirse es Buena Noticia, la Buena Noticia es Conversión.

La conversión está escrita en griego, porque se escribió con intención de apertura a la cultura del momento. No se escribió en hebreo, pero sin duda está en el fondo. “Metanioite” es cambio de pensamiento. “Sub”, sería giro vital. (No lo he dicho nunca, pero la palabra me parece, en sí, extraordinaria: suena a instante.) El griego vive del pensamiento. La raíz hebrea, más física, propone una imagen diferente: girarse, darse la vuelta, volverse; como el calcetín tendido del revés, que al agarrarlo desde dentro y sacarlo de sí mismo, muestra su belleza, su orden, su situación, su sentido, incluso su comodidad y buen trato. Un calcetín al que se le da la vuelta y se le pone en situación.

Ojála nos veamos así, en esta situación y agarrados desde dentro. No provocados, sino agarrados. Como obligados a dar lo mejor.

Esta historia dejará en unos y otros algo. No pocos sufrimientos, no pocas tensiones, que se volverán sufrimientos. No pocos dolores, olvidos. La memoria, siempre presente para el viviente, que nos dice quiénes somos soportando de dónde venimos, emparentándonos, diciéndonos internamente cuál es nuestro lugar y pertenencia.

Todo esto tiene mucho que ver con un hombre mayor, que salió en la noche a dialogar con Jesús. Se llamaba Nicodemo. Jn 3. Allí se habló de tanto, que conviene leer con detenimiento. Su diálogo hoy es iluminador. Su diálogo sigue hablando.

La historia de la salvación es ésta: el recuerdo de que lo que Dios ha hecho por nosotros y nuestra capacidad de transmitirlo a las próximas generaciones. Somos historia, de la mano de Dios. ¿Qué contaremos a nuestros nietos de todo esto y qué aprenderán ellos de todo esto?

José Fernando Juan (@josefer_juan)