Cómo combatir psicológicamente al COVID-19

Solo escuchando a tú cuerpo y entendiéndolo sabrás gestionar la crisis del CoVid-19. Todos, sentimos una sensación rara, incertidumbre, nervios, se ha apoderado en todos nosotros una ‘perspectiva de muerte’. Primer reajuste psicológico que debemos hacer: Es una enfermedad, no es una sentencia de muerte para la población, ni siquiera para la mayoría de los ancianos, tampoco para los nonagenarios, pero es lo suficientemente nociva como para tumbar el sistema sanitario y empeorar el pronóstico, no la muerte. Esta incertidumbre y falta de control de la situación, genera nerviosismo y en algunos casos ansiedad a lo desconocido, psicológicamente es normal, no pasa nada por tener miedo, pero se trasforma en problema cuando nos bloquea y nos paraliza, el aislamiento de la cuarentena puede tener consecuencias en la salud mental de la población.

Tenemos que gestionar la convivencia que durante este largo periodo de tiempo se va redituar, la salud en general puede ser un escenario que provoca ansiedad, dice Catherine Belling, profesora de educación médica en la Facultad de Medicina Feinberg, Chicago. ’La mente, el aparato psíquico y el mundo interno de las personas reaccionan a la llegada de esta pandemia con mucha angustia’.

Si nos vemos paralizados debemos verbalizarlo y romper el círculo vicioso que nos impide avanzar.

Por otra parte, el confinamiento de la cuarentena y el reto de la estrecha convivencia puede acarrear consecuencias para la salud mental. ¿Cuáles son los ’chivatos’ que nos sacan una ‘tarjeta amarilla’ sobre el deterioro de nuestro estado de ánimo?

Físicamente podemos notar rigidez motora, temblores, dolores musculares, espasmos o incapacidad para relajarnos. Quizás permanezcamos en estado de alerta permanente, en hipervigilancia. O con irritabilidad o impaciencia. El temor a la pérdida es a veces peor que la misma pérdida.

Hay otros ‘chivatos’ externos de la ‘procesión’ que llevamos dentro: Palpitaciones, opresión precordial, sequedad de boca, hipersudoración, dificultad respiratoria, pellizco gástrico, escalofríos, oleadas de calor y de frío, manos sudorosas, sensación de mareo o vértigo, colitis o micciones frecuentes.

¿Qué podemos hacer? En primer lugar, seguir viviendo en las nuevas circunstancias: Hazte un horario y cúmplelo. Y aunque parezca tonto, quítate el pijama. Haz ejercicio, el que puedas. No hay nada peor para la mente que el cuerpo ocioso. Ya sabes, ‘mens sana in corpore sano’.

Si te sobra tiempo, aprovecha para hablar con tu pareja y compartir vuestros sentimientos, juega con tus hijos o habla con ellos. Aprovechad para divertíos con algún juego familiar. Si aún así te sigue sobrando tiempo, quizás sea el momento para ordenar el trastero, probar nuevas recetas de cocina, leer el libro que nunca tienes, llamar a ese amigo para tener esa conversación que nunca tuvimos, dedicar tiempo a tus hobbies, etc. El tiempo en casa puede ser un castigo o una oportunidad nunca prevista.

Si la situación es crítica y hay sensación de ahogo, la respiración diafragmática puede ayudarnte a relajarnos y controlar el pico de la ansiedad. Es fácil: Coloca una mano en el pecho y otra sobre el estómago; notarás que llevas el aire de la boca a la parte baja de los pulmones. Al tomar el aire, lentamente, lo llevas hacia abajo, hinchando un poco el estómago y la barriga, sin mover el pecho. Retienes un momento el aire en esa posición. Sueltas el aire, lentamente, hundiendo un poco estómago y barriga. Intenta mantenerte relajado y relajarte un poco más al soltar el aire, todo sin mover el pecho.

Deja de alimentar tus miedos y terminarán desapareciendo por inanición. Las circunstancias no van a cambiar, pero lo que tú hagas si que va a cambiar sustancialmente tu manera de vivirlas.

Amelia Bueno Sagra.
Especialista en psicología legal y forense.

Tel.: 637981423,

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