Un llamamiento a la Esperanza

Queridos lectores, compañeros, amigos todos. Usualmente suelo escribir para esta página web una vez al mes, sin embargo creo necesario hacerlo ahora saltándome mi patrón habitual para dedicaros unas líneas.

Muchos me conocéis, y leéis mis publicaciones (que con todo mi cariño preparo para vosotros), más ahora me gustaría que toda la gente leyese lo que voy a escribir. Sabemos que la situación no es sencilla, ni fácil, todo lo contrario. Gente muriendo, otras sufriendo en primera plana los estragos de esto que han denominado Covid19. Los hospitales están saturados y el personal que los gestiona, más aún. No es momento de perder la cabeza ni de realizar ciertas actitudes que solo nos llevan a un desastre aún mayor. Vivo en España, uno de los países más afectados por el Coronavirus, puede que muchos de los que me leáis no hayáis vivido aun esto, ni conozcáis a nadie que lo haya pasado, probablemente porque residáis en otro país extranjero, o simplemente porque gracias a Dios no habéis tenido que pasarlo. Yo, gracias a Dios también, tampoco he tenido que hacerlo, pero precisamente por eso os escribo.

Quiero que tengáis presente en todo momento que esto va a terminar, no sabemos cuando ni de que manera pero va a terminar, por lo que debemos mantener la mirada siempre en aquél que por amor quiso salvarnos: Cristo. Él representa nuestra esperanza, nuestro auxilio y nuestra salvación, no debemos en ningún momento separarnos de Él. Yo se que esta situación es muy dura, es algo difícil de gestionar precisamente porque en nuestra historia moderna no hemos tenido algo tan contagioso. Ello no debe de ser motivo para que reine el desasosiego, la incertidumbre o el miedo. Todo lo contrario, debe ser época para la esperanza, el amor y la solidaridad. Ahora es momento donde debemos sacar ese título que todos llevamos, eso que con tanto orgullo nos hacemos llamar “cristianos”. Ahora es momento de que todo eso se haga efectivo, y seamos “luz del mundo”, tal y como Jesús quiso que fuésemos.

¿Cómo?. Quedaros en casa, salir solamente lo necesario, y obedeced en todo momento a las autoridades y a las medidas que por nuestra seguridad han decidido poner. Debemos ser solidarios, no es por nosotros -que también- si no por las personas mayores y de especial riesgo, a ellos es a quienes debemos proteger a toda costa. Estamos ante algo que no habíamos visto nunca antes, precisamente por ello debemos mantenernos fuertes, unidos en la esperanza y en la oración, pidiendo a Dios que todo termine cuanto antes. Debemos recordar que Jesús también pasó en el desierto su cuarentena particular, y lo hizo solo, en oración. Así debemos actuar nosotros. Ante los momentos de miedo, la respuesta es Dios, Él nos sacará de todo esto. Pero por ello debemos ser solidarios, y ayudarnos entre todos. Como dijo días antes el Papa Francisco, debemos pensar en el momento en que podamos abrazarnos y tomar café juntos, entonces volveremos a ser felices y libres, tal como Dios nos quiere y nos ama. Hasta llegado ese día, debemos mantenernos fuertes, tomando todo tipo de precauciones y sobre todo, sin desesperarnos, que Dios es bueno, y hará que pronto, podamos abrazarnos juntos de nuevo sin miedo.

Carlos García Moreno.