¿Se trata de aislamiento o de comunión?

Pocos son quienes lo conocen. San Bruno, fundador de los cartujos, pertenece a otro tiempo. Nacido hace un milenio su vocación fue la separación radical del mundo, para hacer el mayor bien posible al mundo. No un aislamiento forzado para no contagiarse de otros, ni para evitar ser contagiados, sino una retirada para atraer desde la soledad y con la fuerza de la oración (comunión con Dios, vida de santidad) a la pregunta última por la vida. Lo suyo fue buscar la atracción hacia Dios, no la reclusión ni el encarcelamiento.

Estos días, como cristianos, hablamos muchas veces en categorías propias del momento y nos hacemos eco de las necesidades. Hablamos de bien común, pero partimos del miedo. Hablamos de solidaridad, pero la reforzamos con el egoísmo. ¿Te contagiarás, contagiarán a quienes más quieres?

Algo extraordinario que estamos viviendo es la comunión. Ojalá se ponga de manifiesto. No es la mera responsabilidad con los más queridos y próximos, sino con la humanidad, con el anonimato que supone esta palabra, aunque siempre tenga un rostro final y definitivo que lo concrete. Es el otro, en ocasiones sumido en la soledad y el miedo.

La soledad y el silencio, vividos desde siempre como un privilegio para el diálogo con Dios, hoy se imponen en general. Con las condiciones de la vida familiar de cada uno. La soledad y el silencio se pueden volver compañía y cercanía, comunicación y compromiso.

Algo está sucediendo que contraría nuestra sociedad, volcada sobre la exterioridad y dando primacía al mundo. Hoy tenemos la oportunidad de vivir, no una interioridad intimista, sino una interioridad familiar y compartida, reforzando vínculos, construyendo familia. El aislamiento, aunque con la digitalización mantenga responsabilidades hacia afuera, es una llamada hacia dentro.

Sin perder, por otro lado, el trato, la cercanía con otros. Las nuevas tecnologías bien usadas nos permitirán una nueva comunión y vínculos más fuertes. Una pregunta sobre nuestro tiempo: ¿optaremos por la distracción y el aislamiento, usaremos nuestros medios del siglo XXI para la comunión?

Una pregunta más, muy significativa. En toda la comunicación digital, de la que muchos sacarán rédito y “posicionamiento”, ¿dónde quedan los más débiles, la organización para reclamar sus derechos y necesidades? ¿Nos acordamos de los más pobres, de los últimos, de la gente de la calle sin hogar, de quienes dependen de otros para comer, de los que se mantienen a pie de calle para garantizar que todo esto funcione mínimamente? ¿Elegiremos encerrarnos sobre nosotros mismos o ampliaremos la mirada?

Los acontecimientos que una persona vive, a lo largo de su historia no son mínimos. Pero pocas veces son compartidos como pueblo, sociedad, comunidad como este. ¿Nos unirá, nos alejará, reflejará la mediocridad o la bondad? ¿Qué quedará después de todo esto?

José Fernando Juan