Quiero ser como tú

Este mes la Iglesia está de fiesta y no una cualquiera… a pesar de todos los sufrimientos que estamos viviendo estos días, la Iglesia permanece sobre roca firme y se encomienda a su patrono: ¡san José! Este mes se celebra el 150 aniversario de la declaración de san José como patrono de la Iglesia universal. 

El Papa Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones que recibió de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo, al ruego de los obispos reunidos en el concilio Vaticano I, declaró y constituyó a San José Patrono Universal de la Iglesia. ¿Quién mejor que el custodio de Jesús y María para ser guardián de la Iglesia universal? Un corazón que es capaz de amar a Dios como a hijo y a la Madre de Dios como a esposa, es capaz de abarcar en su amor y tomar bajo su protección a la Iglesia entera, de la cual Jesús es cabeza y María es Madre.

A dos días de celebrarse su santoral, os animamos a fijaros mucho en san José, a meditarlo profundamente, a desear ser como él: ¡custodio de la Sagrada Familia!, siempre atento, siempre oportuno, siempre entregado, siempre a la sombra, ¡siempre enamorado! Nadie como él conoció a Jesús y a la Virgen, pedidle que os los presente, que os cuente como eran.

Y ahora, ¿cómo puedo imitar a san José?

Primero, en su silencio. No dice ninguna palabra, vivía en el silencio de su hogar, contemplando los misterios de su casa, viviendo en su corazón. El carpintero nada hizo a los ojos de los hombres, todo lo hizo ante los ojos de Dios. Y nosotros, ¿por qué o por quién hacemos las cosas?

Segundo, amante de la voluntad de Dios. ¿Quién puede decir esto como él? San José seguro que deseaba formar una familia con la Virgen, desposarse con ella, tener una gran descendencia… sin embargo, supo fiarse, a pesar de sus dudas y limitaciones, de la voluntad del Señor. Siempre le llevó por donde él nunca hubiera imaginado, incluso seguramente no hubiera querido; no obstante, san José se fía, y gracias a eso tiene la mayor gloria que pueda tenerse: ser padre adoptivo del Hijo de Dios, esposo de su Santísima Madre.

En tercer lugar, en su virtud. Brillan en él, sobre todo, las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la más perfecta caridad.

San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida. Pídele ser como él, busca su consejo, su amparo y te prometo que nunca quedarás defraudado.