Estos días hay mucha gente que está sufriendo a causa del coronavirus. Unos de ellos es el padre Ángel Amigo, párroco en Colmenarejo que acaba de perder a su padre por el dichoso virus y no ha podido asistir a su velatorio y entierro.

Religión en Libertad recoge su testimonio. Ángel Amigo empezó a padecer los síntomas típicos de la pandemia, y después de él fueron sus padres. Así empezó un rosario de visitas a ambulatorios y hospitales del que él y su madre han podido salir. No así su padre, que falleció el viernes.

Pudo ir a verle a la UCI, «con mucho gel, con mascarilla y con todos los cuidados posibles. Gracias a eso pude dar la Unción a mi padre y perdonarle sus pecados, porque si no mi padre se habría ido sin los sacramentos».

Su madre y él pudieron seguir el responso a través del móvil, siendo muy duro incluso cruel, ha dicho. Ahora están en cuarentena y celebra Misa solo, por todo el pueblo. Su vida espiritual sigue siendo intensa pero «echo mucho de menos el sagrario, poder sentarme delante para estar con el Señor y hablar con Él».

Ángel rompe a llorar y dice: «Yo os diría que Dios os quiere mucho, que todo esto, aunque nos duela en el alma, es por puro amor de Él, porque nos quiere, porque quiere que paremos, que volvamos a ser personas, que podamos mirarnos a la cara, que no estemos discutiendo siempre. Este tiempo nos va a ayudar a todos a darnos cuenta de la bendición tan grande de poder tener la Misa, de tener sacerdotes, de tener catequistas, de tener voluntarios de Cáritas… Dios quiere que seamos una familia, y no lo somos. Creo que lo que más ofende a Dios hoy es que la Iglesia no es una familia. Estamos todos agobiados y cansados. Yo creo que Dios nos ha parado para que nos demos cuenta de que somos una familia y nos tenemos que querer mucho».

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