En este tercer domingo de cuaresma escuchamos el tan conocido por todos Evangelio de “la Samaritana”. En él encontramos a un Jesús, cansado de caminar, sentado en un pozo, hablando con una mujer, samaritana y que convive con un hombre que no es su marido. Ante este percal Jesús no la juzga sino que se “rebaja” a su altura para, desde ahí, ayudarla y mostrarle que el culto que el Padre quiere no depende del sitio donde se haga sino del corazón con que se haga.

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