Cómo descubrí el amor de Dios. Javi Pacheco

    Mi nombre es Javier Pacheco, soy un cristiano que ha descubierto el inmenso amor de Dios en medio de mis grandes debilidades, de la enfermedad de familiares, de la ruina grave con tan solo 23 años, de partidas al cielo, y de una larga temporada de soledad interior. De mucha desesperación, todo embargado, sin oportunidades laborales y muchas puertas cerradas.

    Todo ello destrozó mi autoestima. Mis relaciones personales tampoco iban bien. La relación con mi familia se erosionó mucho. ¿Culpables? Sí, uno, yo mismo, en primera persona. Punto.

    No soy un iluminado, ni un ejemplo de nada, pero si alguien que ha sufrido a fuego la indiferencia y el desprecio por mis fracasos. Buenos maestros.

    Con un Ángel de la guarda que ha velado para que nunca cayera en nada que me destrozara, y al que he cuidado, poco o nada, dicho sea de paso.

    Si ahora alguien me entrevistara, si me preguntara por éxitos que me avalaran le diría que los tengo, que no los aprendí en clase, pero los tomé prestados de la vida.

    Decenas de entrevistas de trabajo truncadas cuando contaba que al emprender me estrellé y me lo quitaron todo.

    A día de hoy, después de diez años entre abogados, veo esa luz que me convertirá en una persona libre financieramente.

    Durante estos años no he dejado de buscarme la vida, de ocupar mi cabeza con retos e ilusiones, de ayudar a otros con sus proyectos. Mi cabeza necesitaba esa rutina que otros odian para no pensar en mis problemas, aunque no cobrara. Pero por dejadez no hacia lo mismo con mi alma.

    ¿Menuda carta de presentación verdad?

    Así es, mi éxito ha sido encontrar el Amor de Dios en medio de la indiferencia, el dolor interior y el fracaso. Un éxito que no tiene precio pero si mucho valor.

    Me sentí el tío más rico del mundo sin tener nada el día que me descubrí amado por Jesús.

    ¿Y como descubrí el amor de Dios?

    Centrándome, negándome en cosas que no me ayudaban, vaciando el corazón de superficialidades y ganando en humildad. Solo de esa manera dejé espacio para que Él entrara a sanar a fuego, con su Amor incondicional, todas esas heridas. Y ese proceso todavía sigue.

    Todo empieza con un sí, y ese primer día hablé con Jesús y le dije: No se que decir, me aburro, no tengo apenas fe, pero te necesito. Y todo cambió. Recordaba una frase de mi padre que decía: “una actitud positiva repetida muchas veces se convierte en una virtud. Por el contrario un acto negativo repetido muchas veces se convierte en un vicio.”

    También el ejemplo de mi padre y un amigo, los dos en el cielo, me  han ayudado con su ejemplo de vida y muerte a enamorarme de Dios.

    Conocer Hakuna y su gente, mis amigos, las monjitas de Iesu Communio, y un amigo que considero mi director espiritual, han sido claves en este proceso.

    El poder de la oración sincera, pidiendo y dando (ofreciendo), es clave para conocer a Dios.

    Leer el Evangelio, tener una pequeña rutina diaria para tratar a quien es tu Padre. Y muy importante el trato a los demás. Tu bandera: la alegría.

    Somos pecadores pero Dios nos llama a ser pescadores aun conociendo nuestras debilidades.

    Y no siempre es fácil ¿eh?, ¿tropiezos? Muchos. No nos cansemos jamás de pedir perdón.

    Rezar aunque no veamos resultados inmediatos, aunque no sepamos qué decir, quizá no diremos de palabra pero sí con hechos, en compañía. Y muchas veces vale más un gramo de hechos que muchos kilos de palabras. Hasta la locura, leéis bien, hasta la locura nos ama Dios.

    ¿Qué puedo ofrecerle yo a Dios si Él lo es todo y yo no tengo nada?

    Un corazón enamorado, entregado. Con eso basta.

    Y sobretodo tener muy presente el objetivo: EL CIELO.

    Javi Pacheco