Volver a empezar

La hora se acerca, las Iglesias de todo el mundo van llenándose, los bancos van viéndose repletos de gente, las velas encendidas y la esperanza en la mano, todo está a punto de empezar. Parece una misa normal y corriente, no mucho la diferencia de las demás a simple vista, pero llega un momento en que sí. Una fila llena el pasillo central, mientras el sacerdote repite una y otra vez las mismas palabras: “arrepentíos y creed en el Evangelio”, mientras las frentes de los fieles quedan marcadas con la señal que todos llevamos en el corazón: La Cruz.

Cuaresma, inicia el Miércoles de Ceniza y dura 40 días, 40 días donde pensar, 40 días donde reflexionar, 40 días donde acercarnos a Ti, amor de los amores. Muchas veces me he preguntado, por qué nos amas tanto, por qué tienes tanta misericordia con nosotros, por qué pese a que caemos una y otra vez en los mismos errores, los mismos pecados, a causa de nuestra infinita terquedad, Tú estás ahí siempre con la mano tendida, una sonrisa puesta en la cara -esa que nadie ha podido ver, pero todos deseamos contemplar- y unas palabras de ánimo para nosotros. Nunca he encontrado la respuesta a mis preguntas, y estoy plenamente convencido de que nunca lo voy a hacer, a fin de cuentas lo espiritual no puede entenderse en la carne, ¿verdad?. Sí, sabias palabras, esas que el refranero popular las haría suyas diciendo: las cosas del corazón no se entienden en la razón. Y es bastante más acertado de lo que pensamos; siempre por esta época vuelvo a preguntarme lo mismo, sin descubrir nada nuevo año tras año, he de dar la razón a esas dos frases, tan ciertas y tan sencillas a la vez. Parece algo sencillo, simplemente dejarse llevar, no entenderlo, a fin de cuentas eso es la Fe; creer lo que uno no ve, confiar ciegamente en algo futuro, esperar paciente la respuesta. Sin embargo, a veces la desespera es grande. No podemos llegar a entender nunca tus misterios, eres insondable para nosotros, solamente conocemos de ti lo que Tú mismo quieres que lleguemos a conocer; y ya es tanto… el misterio de haberte hecho hombre por amor hacia nosotros, sumergirte en nuestra naturaleza -que Tú mismo creaste- es ya el acto más grandioso y más irrepetible que se hizo jamás; y todo por amor.

Por eso, llegada esta época, vuelvo una y otra vez a preguntarme siempre las mismas cosas, tratando de entender cada año un poco mejor hasta dónde llega tu amor infinito. Valga mi torpeza, la propia palabra lo define, “infinito”. Un año más llego a la conclusión de que no cabe preguntarse nada de esto, simplemente hacer lo que escribía en líneas anteriores: dejarse llevar. Como niño en tus brazos, sintiéndose protegido, sabiendo que aunque no podamos entenderlo, nada malo va a pasarnos. A fin de cuentas eres Tú quién nos lleva, ¿para qué temer?. Me gustaría que todos vosotros, lectores, compañeros y amigos, en este tiempo de Cuaresma nos sirva para reflexionar, para cambiar de vida, para acercarnos más a Dios por medio de Jesucristo, y de la mano de su Santísima Madre. Me gustaría que intentásemos comprender siempre y un poco mejor, el misterio de la redención en la Cruz, y cómo no, que esta Cuaresma sea siempre un “Volver a empezar”, de nuevo, con Dios.

Carlos García Moreno