En este segundo domingo de cuaresma escuchamos el evangelio de la Transfiguración del Señor, donde destacan dos menajes muy claros: solo el Señor basta y lo que siempre ha funcionado no tiene por qué seguir haciéndolo hoy. Una llamada a salir de nuestra comodidad y afrontar nuevos retos, sobre todo en la ayuda y encuentro con el más necesitado.

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